Washington, 17 Marzo.- La administración de Estados Unidos, liderada por el presidente Donald Trump, ha condicionado cualquier acuerdo con Cuba a la salida del mandatario Miguel Díaz-Canel, en un intento por forzar cambios en la cúpula del régimen sin exigir, por ahora, el fin del sistema comunista en la isla.
Según fuentes citadas por The New York Times, Washington ha dejado claro que no habrá avances en las negociaciones sobre el futuro económico de Cuba mientras Díaz-Canel permanezca en el poder. La estrategia estadounidense busca impulsar un relevo en la dirigencia como paso previo a posibles reformas económicas estructurales.
Desde la Casa Blanca, Trump ha elevado el tono al afirmar que sería “un gran honor” para él “tomar Cuba”, ya sea para “liberarla o tomarla”, en medio de una creciente presión política y económica sobre La Habana.
Las conversaciones entre ambos países se producen en un contexto de crisis energética, agravada por las sanciones de Washington que han limitado el suministro de petróleo a la isla, provocando apagones generalizados y un deterioro en las condiciones de vida. El Gobierno cubano atribuye esta situación al bloqueo energético impuesto por Estados Unidos.
Además de la salida de Díaz-Canel, Washington ha planteado otras condiciones, como la apertura de la economía a la inversión extranjera y la liberación de presos políticos, demandas históricas en la política exterior estadounidense hacia Cuba.
No obstante, el poder real en la isla sigue concentrado en la familia Castro y en el conglomerado militar GAESA, que controla sectores clave como el turismo y el comercio. Fuentes cercanas a las negociaciones indican que La Habana evalúa una transición controlada que permita renovar la imagen del liderazgo sin ceder el control político.
En este escenario, figuras como Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, emergen como interlocutores clave y podrían mantener influencia incluso en un eventual cambio de liderazgo. Asimismo, nombres como Óscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro, comienzan a ganar visibilidad en medio de especulaciones sobre una posible sucesión.
Analistas advierten que la salida de Díaz-Canel no garantizaría una apertura política real, sino que podría ser utilizada como una maniobra para aliviar la presión internacional sin modificar las estructuras de poder. La crisis económica, marcada por inflación, escasez y migración masiva, ha intensificado el descontento interno desde las protestas de 2021.
Mientras tanto, sectores del exilio cubano en Estados Unidos y líderes políticos en Florida consideran insuficiente la estrategia de Washington si no incluye una transformación total del sistema y la desarticulación del aparato económico del régimen.
La Casa Blanca busca replicar en Cuba una estrategia similar a la aplicada en Venezuela, apostando por la presión política y económica para provocar cambios sin intervención militar directa. Sin embargo, la incertidumbre sobre el futuro liderazgo y la resistencia del régimen plantean dudas sobre la posibilidad de una transformación profunda en el corto plazo.







