Washington, 6 feb.- La Casa Blanca reiteró este jueves que Estados Unidos mantiene negociaciones con Cuba, pese a que el Gobierno de Miguel Díaz-Canel continúa negándolo públicamente, e instó a La Habana a actuar con “prudencia” en sus declaraciones dirigidas al presidente Donald Trump, en un contexto de creciente presión diplomática y económica sobre la isla.
La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, aseguró en rueda de prensa que el mandatario estadounidense “siempre tiene voluntad de apostar por la diplomacia” y defendió que ese enfoque “está teniendo lugar” en las conversaciones con el Ejecutivo cubano. Sus palabras respondieron a las más recientes declaraciones de Díaz-Canel, quien negó la existencia de negociaciones formales con Washington, aunque afirmó que Cuba está dispuesta a dialogar “sin coerción” y bajo condiciones de respeto e igualdad.
Leavitt elevó el tono al advertir que, a su juicio, el Gobierno cubano atraviesa una fase terminal. “Dado que el Gobierno cubano está en sus últimas y que el país está a punto de colapsar, deberían ser prudentes en sus declaraciones dirigidas al presidente de EE.UU.”, afirmó la portavoz, reforzando la narrativa de la administración Trump sobre la fragilidad económica y política de la isla.
El cruce de versiones se produce después de que el propio Donald Trump declarara que ya se estaba “hablando” con representantes cubanos, una afirmación que La Habana rechaza oficialmente, aunque admite contactos informales. Esta ambigüedad ha alimentado la incertidumbre sobre el verdadero alcance de los intercambios entre ambos gobiernos y sobre si se trata de conversaciones exploratorias o de un proceso más estructurado.
La presión sobre Cuba se ha intensificado tras la captura y deposición del expresidente venezolano Nicolás Maduro, una operación ejecutada por EE.UU. a comienzos de enero. Desde entonces, el Gobierno interino de Caracas, bajo supervisión de Washington, cesó el envío de petróleo a la isla, agravando la ya crítica situación energética y económica cubana, marcada por apagones, escasez de alimentos y una inflación persistente.
En este escenario, Trump ha insistido en varias ocasiones en que el Ejecutivo de Díaz-Canel se encuentra “al borde del colapso”. La semana pasada, el presidente estadounidense firmó una orden ejecutiva para sancionar a todos los países que envíen crudo a Cuba, una medida que apunta a asfixiar las fuentes de abastecimiento energético de la isla y a aumentar la presión internacional sobre sus aliados.
El endurecimiento de la política estadounidense coincide con un discurso oficial que combina la puerta abierta a la negociación con advertencias explícitas sobre las consecuencias de desafiar a Washington. Mientras tanto, La Habana insiste en que cualquier diálogo deberá darse sin imposiciones, dejando en evidencia una brecha significativa entre ambas posturas y un pulso diplomático que, por ahora, sigue sin una hoja de ruta clara.





