Toronto (Canadá), 20 de enero.— Por primera vez en más de cien años, las Fuerzas Armadas de Canadá han elaborado un esquema teórico que analiza cómo respondería el país ante una hipotética invasión militar de Estados Unidos, según reveló este martes el diario The Globe and Mail. La sola existencia de este ejercicio estratégico refleja el deterioro sin precedentes de la relación bilateral entre ambos países desde la llegada de Donald Trump nuevamente a la Casa Blanca.
De acuerdo con el rotativo canadiense, el esquema —confirmado por dos altos funcionarios del Gobierno federal— no constituye un plan operativo formal, pero sí un ejercicio de modelización estratégica que explora escenarios extremos. En él, los militares canadienses asumen que, dada la abrumadora superioridad militar de EE.UU., una defensa convencional sería insostenible a corto plazo.
Según estas fuentes, el análisis concluye que el Ejército canadiense, que cuenta con unos 100.000 efectivos en total, de los cuales solo 68.000 están en servicio activo, no podría resistir más de una semana frente a una ofensiva estadounidense a gran escala. A partir de ese punto, la única alternativa viable sería adoptar tácticas de guerra de guerrillas, inspiradas en las estrategias empleadas por combatientes afganos contra potencias militares muy superiores, tanto frente a la Unión Soviética como frente a Estados Unidos durante el siglo XX.
Este enfoque incluiría acciones de emboscada, sabotaje de infraestructuras clave y operaciones descentralizadas, llevadas a cabo por pequeñas unidades paramilitares o incluso por civiles armados, con el objetivo de prolongar el conflicto y elevar el coste político, económico y humano de una ocupación.
The Globe and Mail subraya que esta modelización está muy lejos de un plan militar real, ya que no contempla despliegues específicos, cadenas de mando ni ejecución de operaciones. Sin embargo, su mera elaboración representa un cambio histórico en la doctrina defensiva canadiense, que durante décadas dio por sentada la imposibilidad de un conflicto armado con su vecino del sur.
Las pretensiones anexionistas de Trump tensan la relación bilateral
Los funcionarios citados por el diario consideran improbable que el presidente estadounidense ordene realmente una invasión de Canadá, y recalcan que las relaciones entre los ejércitos de ambos países siguen siendo profesionalmente correctas, con cooperación activa en proyectos de defensa conjunta y en el marco de la OTAN y el NORAD.
No obstante, el contexto político ha cambiado de forma drástica desde que Trump ganó las elecciones presidenciales en noviembre de 2024. Desde entonces, el mandatario ha reiterado en múltiples ocasiones su interés en anexionar Canadá y convertirla en el estado número 51 de Estados Unidos, declaraciones que, aunque a menudo formuladas en tono provocador, han generado inquietud real en Ottawa.
La cadena NBC informó recientemente de que Trump ha intensificado sus críticas sobre la “vulnerabilidad” de Canadá en el Ártico, un argumento similar al que ha empleado para justificar sus aspiraciones de anexión sobre Groenlandia. Para analistas canadienses, estas afirmaciones han obligado a las autoridades a replantearse escenarios que hasta hace poco se consideraban impensables.
Reino Unido y Francia, posibles aliados estratégicos
El esquema teórico también contempla que, en caso de una agresión estadounidense, Canadá solicitaría apoyo internacional, especialmente a Reino Unido y Francia, los dos países europeos con armas nucleares y con los que Ottawa mantiene vínculos históricos, culturales y políticos profundos.
Canadá reconoce formalmente al monarca británico como su jefe de Estado constitucional, mientras que la provincia de Quebec, cuyo único idioma oficial es el francés, mantiene una relación histórica especial con París como antigua colonia francesa. Según el análisis militar, estos lazos podrían facilitar un respaldo diplomático y estratégico en una situación de crisis extrema.
Un síntoma del deterioro histórico
Expertos en defensa consultados por medios canadienses coinciden en que este ejercicio no debe interpretarse como una preparación inmediata para la guerra, sino como un síntoma claro del deterioro histórico de la relación entre Canadá y Estados Unidos, una de las alianzas más estables del mundo durante más de un siglo.
El hecho de que el Ejército canadiense contemple, aunque sea de forma teórica, un conflicto armado con su principal aliado y socio comercial pone de relieve la incertidumbre geopolítica actual, marcada por el giro imprevisible de la política exterior estadounidense bajo el liderazgo de Trump.
Para Ottawa, el mensaje es claro: incluso los escenarios más improbables ya no pueden descartarse por completo.





