Maracay, Venezuela, 26 dic.- Esta no fue la Navidad que Mariela Gómez imaginó hace un año, ni la que soñaron miles de otros migrantes venezolanos que apostaron por el llamado sueño americano. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero y el endurecimiento inmediato de su política migratoria truncaron esas expectativas y forzaron a muchos a volver a un país marcado por el desempleo y la pobreza.

Gómez pasó las fiestas decembrinas en el norte de Venezuela por primera vez en ocho años. Se arregló, cocinó, le regaló un patinete a su hijo y sonrió frente a sus suegros. Sin embargo, la realidad fue imposible de ignorar. “Humildemente tuvimos una cena, que no la tuvimos como deseábamos tenerla, pero por lo menos un plato en la mesa”, relató sobre una comida improvisada similar a una lasaña, en lugar de las tradicionales hallacas, cuyo costo hoy resulta inalcanzable para muchas familias.

“Lo que pasa es que aquí para hacer hallacas es un poco costoso y como estamos sin trabajo no pudimos hacerlas”, añadió.

Gómez, su pareja y sus dos hijos regresaron a Maracay el pasado 27 de octubre, tras ser detenidos por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos luego de cruzar desde México a Texas. En el marco de la ofensiva migratoria impulsada por la administración Trump, fueron deportados a México, desde donde iniciaron un peligroso y largo retorno hacia Venezuela.

El trayecto estuvo marcado por la precariedad. Cruzaron Centroamérica en autobús, pero al llegar a Panamá no pudieron costear el cruce marítimo hacia Colombia por el Caribe. Optaron por una ruta más barata y peligrosa por el océano Pacífico, viajando durante horas sobre tanques de gasolina en un buque de carga y luego en una lancha hasta una zona selvática colombiana, donde permanecieron unas dos semanas hasta reunir dinero para llegar a la frontera venezolana.

Gómez forma parte de los más de 7,7 millones de venezolanos que abandonaron el país en la última década, tras el colapso de la economía provocado por la caída de los precios del petróleo, la corrupción y la mala gestión gubernamental. Antes de intentar llegar a Estados Unidos, vivió durante años en Colombia y Perú, siempre con la esperanza de comenzar de nuevo.

El segundo mandato de Trump ha frustrado las aspiraciones de miles de migrantes en situaciones similares. Hasta septiembre, más de 14.000 personas, en su mayoría venezolanas, habían regresado a Sudamérica tras las restricciones migratorias impuestas por Washington, según datos oficiales de Colombia, Panamá y Costa Rica. Además, este año se intensificaron las deportaciones directas a Venezuela, luego de que el Gobierno de Nicolás Maduro, bajo presión de la Casa Blanca, aceptara nuevamente a ciudadanos deportados.

Los retornos se realizaron de forma regular a través del aeropuerto cercano a Caracas, en vuelos chárter operados por contratistas del Gobierno estadounidense o por la aerolínea estatal venezolana. Más de 13.000 migrantes regresaron al país este año bajo este mecanismo.

El retorno también permitió a Gómez reencontrarse con su hija de 20 años, a quien había dejado atrás al huir de la crisis. Compartieron conversaciones y cervezas durante las fiestas, conscientes de que podría ser la última vez en mucho tiempo: la joven planea emigrar a Brasil el próximo mes.

De cara al Año Nuevo, Gómez espera poder preparar hallacas y, sobre todo, conseguir un empleo. Sin embargo, sus deseos son modestos. “Muchas cosas le pido a mi Dios, primeramente vida, salud, para seguir disfrutando de nuestra familia”, expresó, reflejando el sentimiento de miles de venezolanos que regresan a un país que sigue sin ofrecer certezas.

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