Washington, 3 de noviembre.— Estados Unidos enfrenta el cierre de gobierno más largo de su historia moderna, con 33 días consecutivos de parálisis administrativa, y sin señales de acuerdo entre republicanos y demócratas. Millones de ciudadanos podrían perder beneficios sociales esenciales, desde ayuda alimentaria hasta subsidios de salud, mientras la tensión política en Washington alcanza niveles críticos.
El presidente Donald Trump reiteró el domingo que “no será extorsionado” por los demócratas, quienes exigen un compromiso para extender los subsidios de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (Obamacare), que expiran a fin de año. En una entrevista con “60 Minutes” de CBS, Trump subrayó que solo negociará “cuando el gobierno reabra”, insistiendo en que los demócratas deben dar el primer paso.
“Los demócratas han perdido el rumbo”, declaró Trump. “Creo que terminarán cediendo. Y si no lo hacen, es su problema”.
Mientras tanto, los trabajadores federales se preparan para perder otro cheque de pago, los aeropuertos registran retrasos generalizados por falta de personal, y 42 millones de beneficiarios de SNAP (Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria) corren el riesgo de quedarse sin fondos. El Departamento de Agricultura intentó retener los 8.000 millones de dólares necesarios para el programa hasta que dos jueces federales ordenaron su financiamiento.
Un pulso político sin precedentes
El líder de la mayoría del Senado, John Thune, republicano de Dakota del Sur, instó a los demócratas a colaborar con cinco votos adicionales que permitirían aprobar un presupuesto provisional y reabrir el gobierno. “Necesitamos cinco con la valentía de decir que nos importa más la vida del pueblo estadounidense que obtener alguna ventaja política”, declaró.
Sin embargo, los demócratas mantienen su exigencia de negociar antes de reabrir el gobierno. El senador Tim Kaine, demócrata de Virginia, reconoció que existen conversaciones “informales” para buscar una salida que garantice la continuidad de los subsidios de salud y evite más despidos en la administración pública, aunque sin avances concretos.
Por su parte, el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, afirmó que su partido está dispuesto a sentarse “con Thune, con el presidente de la Cámara Mike Johnson y con Trump” para encontrar una solución a lo que calificó como “una crisis de salud pública en ciernes”.
Trump reabre el debate sobre el filibusterismo
En medio del cierre, Trump ha reavivado el debate sobre el filibusterismo, una norma del Senado que exige 60 votos para aprobar leyes. El mandatario considera que eliminarla permitiría al Partido Republicano “hacer exactamente lo que queremos”. Sin embargo, tanto Thune como Johnson han rechazado esa propuesta, argumentando que el filibusterismo protege la estabilidad institucional y evita que una mayoría circunstancial imponga medidas extremas.
“La regla del filibusterismo nos ha protegido de los peores impulsos del Partido Demócrata”, dijo Johnson. Trump, en cambio, insistió: “Los republicanos tienen que ser más duros”.
El precedente de 2019 y el costo humano del cierre
El cierre más largo hasta ahora, de 35 días, ocurrió entre diciembre de 2018 y enero de 2019, también bajo la administración Trump, cuando el presidente exigió fondos para su muro fronterizo con México. En esa ocasión, el caos en los aeropuertos y la falta de pago a cientos de miles de empleados federales forzaron una solución temporal.
Hoy, la historia parece repetirse. El secretario de Transporte, Sean Duffy, advirtió que los retrasos aéreos ya son “notables” en varios aeropuertos, y que la situación “solo va a empeorar”. El aeropuerto de Newark reportó el domingo demoras promedio de dos horas, y la Administración Federal de Aviación (FAA) no descarta una “paralización total” si persiste la falta de personal.
“Los trabajadores deben elegir entre poner comida en la mesa o ir a trabajar sin cobrar”, lamentó Duffy.
Una nación al borde del colapso político
La crisis de SNAP se ha convertido en el símbolo más visible del impacto humano del cierre. El líder demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, acusó a Trump y a los republicanos de “instrumentalizar el hambre” al retrasar los pagos del programa. “De alguna manera siempre encuentran dinero para financiar sus prioridades políticas, pero no para asegurarse de que los estadounidenses no pasen hambre”, denunció en CNN.
Mientras tanto, la Casa Blanca mantiene una actitud desafiante. Su portavoz, Karoline Leavitt, dijo que el presidente “sigue comprometido con sus principios” y que “no cederá ante presiones mediáticas ni políticas”.
El senador demócrata Mark Warner advirtió que el país no puede sostener indefinidamente este pulso institucional. “Los republicanos no pueden avanzar en nada sin la aprobación de Trump”, dijo en Face the Nation. “Esperamos que esta semana, finalmente, el presidente decida gobernar en lugar de pelear”.
Con el cierre a punto de romper el récord histórico, Estados Unidos se enfrenta no solo a un bloqueo gubernamental, sino a una crisis de liderazgo que amenaza con socavar la confianza en su sistema político y económico.







