Cabo Cañaveral, Florida, EE.UU., 10 sep.- El explorador Perseverance de la NASA ha identificado en Marte rocas en un antiguo canal fluvial que podrían contener señales de vida microscópica de miles de millones de años, un hallazgo considerado hasta ahora como el más prometedor en la misión de búsqueda de vida en el planeta rojo. Los resultados fueron publicados este miércoles en la revista científica Nature y han despertado un fuerte interés en la comunidad internacional.

Un hallazgo clave en Neretva Vallis

La muestra, recolectada en el verano pasado en el canal Neretva Vallis, un antiguo afluente que desembocaba en el cráter Jezero, proviene de lodolitas rojizas ricas en arcilla. Estas rocas sedimentarias pertenecen a la formación denominada Bright Angel, considerada por los científicos como una de las áreas con mayor potencial para conservar rastros biológicos.

Los análisis realizados por los instrumentos de Perseverance detectaron la presencia de carbono orgánico —un bloque fundamental para la vida— junto con diminutas estructuras microscópicas apodadas “semillas de amapola” y “manchas de leopardo”, ricas en fosfato de hierro y sulfuro de hierro. En la Tierra, este tipo de compuestos suelen originarse cuando microorganismos degradan materia orgánica en ambientes acuáticos.

El límite de las pruebas desde Marte

El rover, en operación desde 2021, no cuenta con la capacidad para detectar vida directamente. Su tecnología está diseñada para perforar rocas y almacenar las muestras en tubos de titanio sellados, a la espera de una futura misión que logre transportarlas a la Tierra. Hasta ahora, Perseverance ha recogido 30 muestras, incluidas las 25 primeras en zonas consideradas de mayor interés científico.

Sin embargo, el plan de retorno de estas muestras enfrenta serios retrasos. La NASA había previsto traerlas a la Tierra a principios de la década de 2030, pero los costos crecientes —estimados en 11.000 millones de dólares— han retrasado el calendario hasta 2040, lo que obliga a los científicos a depender por ahora de experimentos en laboratorios terrestres y de modelos comparativos con minerales similares en la Tierra, como los encontrados en lagos de la Antártida.

Opiniones divididas en la comunidad científica

Aunque el hallazgo fue calificado como un “descubrimiento emocionante” por especialistas externos como Janice Bishop, del Instituto SETI, y Mario Parente, de la Universidad de Massachusetts Amherst, ambos coincidieron en que los procesos no biológicos podrían explicar la formación de estas estructuras.

El investigador principal del estudio, Joel Hurowitz, de la Universidad de Stony Brook, reconoció esa limitación: “Todo lo que podemos decir es que una de las posibles explicaciones es la vida microbiana, pero podría haber otras formas de crear este conjunto de características”.

A pesar de la cautela, Hurowitz subrayó que se trata del candidato más convincente hallado por Perseverance hasta la fecha: “Sería increíble demostrar que estas características fueron producidas por vida en otro planeta hace miles de millones de años. Incluso si no lo fueron, es una valiosa lección de cómo la naturaleza puede confundirnos”.

La importancia del cráter Jezero

El cráter Jezero es uno de los lugares más estudiados de Marte, ya que hace unos 3.500 millones de años albergaba un gran lago conectado a varios ríos. Los sedimentos depositados allí ofrecen un escenario idóneo para encontrar huellas químicas o estructurales asociadas a vida primitiva.

Los investigadores consideran que, de confirmarse la hipótesis biológica, estos depósitos podrían constituir la primera evidencia tangible de vida extraterrestre en la historia de la humanidad, un descubrimiento que transformaría la comprensión de la biología y del lugar que ocupa la Tierra en el universo.

Próximos pasos

Mientras el retorno de muestras sigue siendo incierto, la NASA y sus socios internacionales exploran opciones más rápidas y económicas para acortar los plazos, incluida la participación de futuras misiones tripuladas. Entre tanto, diez tubos de muestra ya fueron depositados como respaldo en la superficie marciana, en caso de que el rover no logre entregar todos los contenedores.

Hasta entonces, los científicos continuarán analizando los datos enviados por Perseverance y comparándolos con formaciones geológicas terrestres. Como escribieron Bishop y Parente en un editorial adjunto: “No hay evidencia de microbios en Marte hoy, pero si existieron en el pasado, es posible que redujeran minerales de sulfato en lagos como el que un día ocupó el cráter Jezero”.

Este descubrimiento no solo reaviva la búsqueda de vida en Marte, sino que también plantea un nuevo reto científico y tecnológico: traer a la Tierra esas rocas que podrían contener las claves de la pregunta más antigua de la humanidad: ¿estamos solos en el universo?

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