Nueva York, 15 agosto.- La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, firmó este jueves una orden ejecutiva que designa al director de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Terry Cole, como comisario de la Policía Metropolitana de Washington D.C., en el marco de la intervención federal que el presidente Donald Trump inició esta semana sobre la capital del país. La medida se produce tras el argumento del mandatario de que el crimen violento se encuentra fuera de control en la ciudad.
El decreto establece que Cole asumirá de forma inmediata los poderes y responsabilidades del jefe de la Policía del Distrito de Columbia, incluyendo la autoridad para aprobar o vetar cualquier orden emitida por el Departamento de Policía Metropolitana. Desde el lunes, la Policía capitalina se encuentra bajo supervisión directa del gobierno federal, y agentes del FBI, la DEA y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) realizan patrullajes conjuntos las 24 horas, instalando puntos de control en múltiples zonas de la ciudad.
La intervención se apoya en una cláusula de la Home Rule Act de 1973, que otorga al Ejecutivo la capacidad de suspender temporalmente la autonomía policial de Washington D.C. en casos de emergencia. Trump activó también el despliegue de 800 efectivos de la Guardia Nacional, describiendo la operación como una campaña para “restablecer el orden público y la seguridad ciudadana”.
En declaraciones oficiales, Bondi afirmó que la crisis de seguridad en Washington está “agravada por las políticas de ciudades santuario y el aumento de la inmigración ilegal”, lo que justificó, según la fiscal, la necesidad de una intervención inmediata. Como parte de las nuevas directrices, Trump autorizó a la Policía a interrogar a residentes sobre su estatus migratorio y colaborar activamente con los agentes federales en operativos de control migratorio, medidas que han generado fuerte rechazo entre defensores de derechos civiles y autoridades locales.
El mandatario también adelantó que planea extender el control federal más allá de los 30 días previstos por la ley, al considerar que este plazo “no es suficiente para combatir el crimen y desmantelar redes delictivas”. Entre sus prioridades, anunció la eliminación de campamentos de personas sin hogar en zonas céntricas de la capital, una decisión que ya enfrenta críticas de organizaciones humanitarias.
Terry Cole, quien juró como jefe de la DEA el pasado 24 de julio, cuenta con 22 años de experiencia en operaciones antidrogas tanto en territorio estadounidense como en misiones internacionales en Colombia, Afganistán, México y Oriente Medio. En 2023 fue nombrado jefe de Seguridad Pública de Virginia, hasta que Trump lo designó para liderar la DEA. Su nuevo rol en Washington D.C. lo coloca al frente de una de las operaciones de seguridad más amplias y controvertidas de la era Trump.
De mantenerse la intervención y el endurecimiento de las políticas migratorias, Washington D.C. podría convertirse en un precedente legal y político para futuras acciones federales en otras ciudades con altos índices de criminalidad o políticas de santuario. La medida, sin embargo, enfrenta posibles desafíos judiciales por parte de las autoridades locales y organizaciones de derechos humanos.








