Los Ángeles, 30 junio.- La esperada película F1, dirigida por Joseph Kosinski (Top Gun: Maverick), se convierte en un espectáculo cinematográfico de alto octanaje que rinde homenaje a la velocidad con un acabado visual impecable y una dosis generosa de adrenalina. Con Brad Pitt como un veterano piloto que regresa al circuito, el filme ofrece algunas de las secuencias de carreras más impactantes en años, pero tropieza al contar una historia demasiado apegada a fórmulas conocidas.

Kosinski vuelve a rodearse del equipo que hizo de Maverick un éxito: Jerry Bruckheimer produce, Ehren Kruger firma el guion, Hans Zimmer compone la banda sonora y Claudio Miranda deslumbra con una cinematografía que convierte cada circuito en una experiencia inmersiva. Esta vez, el objetivo es situar al espectador dentro de un monoplaza de Fórmula 1, y F1 lo logra con creces.

Pitt, velocidad y carisma

Brad Pitt interpreta a Sonny Hayes, un piloto retirado cuya carrera se desmoronó décadas atrás, pero que es convencido por Rubén Cervantes (Javier Bardem) para unirse a APX, un equipo en crisis. Aunque inicialmente se muestra reacio, Sonny se lanza de nuevo a las pistas, compartiendo escudería con la joven promesa Noah Pearce (Damson Idris), en una dinámica de mentor y aprendiz que recuerda otras cintas deportivas.

Pitt aporta una serenidad magnética al personaje, muy en su estilo, y convence como un obsesionado de las pistas que desprecia la fama y el dinero. Sin embargo, el guion nunca logra profundizar del todo en su complejidad, repitiendo frases sobre ética de trabajo y legado sin explorar matices más allá del arquetipo.

Técnica impecable, historia estándar

Donde F1 realmente brilla es en sus escenas de acción. La cámara se desliza con fluidez dentro y fuera de los autos, capturando cada giro, cada derrape y cada cambio de neumático con un realismo sobrecogedor. El trabajo de Claudio Miranda convierte cada carrera en un poema visual de velocidad pura, especialmente en circuitos icónicos como Silverstone.

A pesar de ello, la película flaquea cuando baja la marcha. El arco narrativo es predecible: veterano entra en crisis, novato escéptico aprende una lección, el equipo marginal busca redención. Condon y Bardem aportan fuerza en sus papeles, pero otros personajes, como el de Tobias Menzies o el propio Noah Pearce, quedan reducidos a clichés funcionales.

Un final con matices

Aunque F1 parece conducir por un camino conocido, logra elevarse en su último acto con una escena emocionalmente honesta que otorga a la película un toque humano inesperado. No alcanza a redimir del todo el drama testosterónico que domina gran parte del metraje, pero ofrece un respiro necesario.

Veredicto final

F1 es, ante todo, una celebración de la velocidad, filmada con una maestría técnica que compensa en buena parte su falta de originalidad narrativa. Funciona como una experiencia inmersiva en la Fórmula 1, ideal para los fanáticos del automovilismo y los seguidores de Brad Pitt, aunque probablemente deje con ganas de más a quienes esperen una historia con mayor profundidad emocional.

Calificación: ★★★ de ★★★★
Duración: 155 minutos
Clasificación: PG-13 (lenguaje fuerte y acción)
Estreno en cines: Ya disponible, distribuida por Warner Bros.

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