Washington, 6 de septiembre.- Arabia Saudí moviliza su diplomacia con Irán y Pakistán para contener la escalada en el golfo Pérsico, en un momento en que los bombardeos mutuos entre Teherán y Washington alcanzan su mayor intensidad en semanas y el presidente del Parlamento iraní advierte que las “reglas del juego han cambiado”.
El ministro de Relaciones Exteriores saudí, Faisal bin Farhan, mantuvo este domingo conversaciones telefónicas con sus pares de Irán y Pakistán, Abbas Araqchi e Ishaq Dar, respectivamente, para revisar los últimos acontecimientos en la región y explorar mecanismos de contención diplomática ante el agravamiento del conflicto entre Irán y Estados Unidos.
Con Araqchi, Bin Farhan repasó “los últimos acontecimientos regionales y los esfuerzos para mantener la seguridad y la estabilidad” de Medio Oriente, según un comunicado del Ministerio de Exteriores saudí. Con Dar, la conversación fue más extensa: ambos abordaron “la crisis actual” y los esfuerzos para “contenerla e impulsar soluciones pacíficas mediante el diálogo y la negociación, de manera que se contribuya a reducir la intensidad de la tensión y se preserve la seguridad y la estabilidad regional”, indicó la misma fuente.
Las llamadas se inscriben en un patrón de intensa actividad diplomática que Arabia Saudita ha mantenido desde que el conflicto estalló el 28 de febrero con los bombardeos coordinados de Estados Unidos e Israel sobre instalaciones militares y nucleares iraníes. El reino, que comparte fronteras marítimas con el golfo Pérsico y ha recibido ataques iraníes en el marco del conflicto, tiene intereses directos en cualquier salida negociada.
El papel de Islamabad como mediador entre Teherán y Washington no es nuevo. Fue el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, quien en abril presentó un acuerdo de diez puntos que sirvió de base para una tregua inicial de dos semanas. Más tarde, en junio, Pakistán y Qatar impulsaron un memorándum de entendimiento que, por breves semanas, logró aplacar las hostilidades y reabrir parcialmente el estrecho de Ormuz.
Ese acuerdo se derrumbó el 8 de julio, cuando Irán reanudó los ataques contra buques comerciales en el estrecho para reivindicar su soberanía sobre la vía, lo que llevó al presidente Donald Trump a declarar el memorándum “terminado”. Desde entonces, la escalada no ha cesado.
Dar reiteró este domingo que Pakistán “seguirá desempeñando su papel” y que los esfuerzos de negociación continúan para “traer a ambas partes de regreso” al marco del memorándum de Islamabad, según declaraciones del portavoz del Ministerio de Exteriores pakistaní.
El estrecho de Ormuz —con apenas 34 kilómetros (21 millas) de ancho en su punto más angosto— se ha convertido en el principal teatro de operaciones del conflicto. Antes del inicio de la guerra, por ese paso transitaban alrededor de 20 millones de barriles de petróleo diarios, lo que representaba aproximadamente el 20% del comercio marítimo mundial de crudo. Hoy, ese flujo está prácticamente paralizado.
Irán bloqueó el estrecho al inicio del conflicto y lo ha convertido en su principal instrumento de presión: exige que todo buque que quiera cruzarlo obtenga permiso previo de Teherán y ataca a los que intentan hacerlo por “rutas no autorizadas”. La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) informó este sábado que atacó tres barcos petroleros en esas rutas y tres embarcaciones más vinculadas a Estados Unidos “en otras áreas”.
Estados Unidos respondió con un esquema de cerco sobre puertos y buques iraníes y, en las últimas semanas, logró restablecer un flujo parcial a través de una ruta meridional cercana a Omán. Sin embargo, esa alternativa no alcanza para compensar la interrupción del tráfico regular: expertos en petróleo y especialistas en Oriente Medio coinciden en que el volumen de tránsito se mantiene muy por debajo de los niveles previos a la guerra.








