Managua, 11 agosto.- La relación entre el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo y Rusia atraviesa una etapa de creciente desconfianza, ante el temor de la pareja gobernante de Nicaragua de que Moscú no pueda garantizar la protección política y militar que durante años ha ofrecido a sus aliados latinoamericanos.

La preocupación habría aumentado después de la caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela el pasado enero, pese al respaldo que Rusia había prometido al Gobierno chavista. Para los Ortega-Murillo, el episodio representa una señal de advertencia sobre los límites de la capacidad rusa para proteger a gobiernos aliados frente a una eventual presión externa.

Durante años, Moscú se presentó como un socio estratégico de Managua y como uno de los principales respaldos internacionales del Gobierno nicaragüense. Rusia también ha profundizado sus vínculos militares, tecnológicos y económicos con Nicaragua.

La caída de Maduro genera dudas en Managua

El caso venezolano habría provocado especial inquietud entre los dirigentes nicaragüenses. Según el análisis publicado por Infobae, Rusia había ofrecido garantías de seguridad a Maduro y mantenía presencia de asesores y personal militar en Venezuela.

Sin embargo, el supuesto fracaso de los sistemas de inteligencia y defensa rusos durante la operación estadounidense que terminó con la captura de Maduro habría generado dudas entre los gobiernos aliados sobre la capacidad real de Moscú para cumplir sus compromisos de protección.

La experiencia también habría repercutido en Cuba, otro de los principales aliados de Rusia en América Latina. La dirigencia cubana, según el artículo, habría comenzado a cuestionar el alcance de las garantías ofrecidas por Moscú.

Para Ortega y Murillo, la conclusión sería todavía más preocupante: si Rusia no pudo impedir la caída de Maduro, tampoco existiría certeza de que pudiera intervenir eficazmente para proteger al Gobierno nicaragüense ante una crisis de dimensiones similares.

Nicaragua también cuestiona el respaldo tecnológico ruso

Dentro del entorno del poder nicaragüense existirían además dudas sobre los sistemas de vigilancia y radares que Rusia habría prometido desarrollar para reforzar la seguridad de los gobiernos de Nicaragua, Cuba y Venezuela.

El artículo señala que Managua habría recibido promesas de importantes inversiones en tecnología militar y sistemas de radar, pero que algunos funcionarios cuestionan públicamente la existencia o la eficacia de esas capacidades.

Esta incertidumbre se suma a las dudas surgidas después de la crisis venezolana y alimenta la percepción de que las garantías de seguridad ofrecidas por Moscú podrían ser menos sólidas de lo que durante años sostuvo el Kremlin.

Desencuentro por el ingreso de Nicaragua a los BRICS

La desconfianza entre Managua y Moscú no se limitaría al ámbito militar. Ortega y Murillo también estarían decepcionados por la falta de respaldo ruso a la aspiración de Nicaragua de incorporarse a los BRICS.

El Gobierno nicaragüense había buscado utilizar el bloque como una plataforma para ampliar sus relaciones económicas y políticas internacionales.

Brasil se opuso inicialmente a la incorporación de Nicaragua, según el texto, pero en Managua también habría generado malestar que Rusia no consiguiera revertir esa posición pese a las expectativas creadas por el Gobierno nicaragüense.

La situación habría reforzado la percepción dentro de la cúpula sandinista de que Rusia no necesariamente respaldará a Nicaragua cuando sus propios intereses estratégicos entren en juego.

Un aliado que ya no parece tan indispensable

La relación entre Managua y Moscú continúa siendo estrecha, pero las dudas sobre el alcance del respaldo ruso están modificando la percepción de la pareja gobernante.

La experiencia venezolana, las dificultades para avanzar hacia los BRICS y las interrogantes sobre la capacidad tecnológica y militar rusa habrían llevado a los Ortega-Murillo a evaluar con mayor cautela su dependencia de Moscú.

Para el Gobierno nicaragüense, el desafío consiste ahora en determinar hasta qué punto puede confiar en las promesas de un aliado que durante años fue considerado prácticamente indispensable.

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