La Habana, 27 Abril.- En el corazón de La Habana Vieja, un grupo de ancianos se reúne varias veces por semana en la iglesia del Espíritu Santo para recibir un almuerzo básico que se ha convertido en un salvavidas ante la profunda crisis económica que atraviesa Cuba.
Al mediodía, los jubilados atraviesan las puertas de madera del templo para sentarse en largas mesas donde se sirve un menú sencillo: picadillo de carne, arroz, frijoles, galletas con mayonesa y café. Entre oraciones y agradecimientos, muchos reconocen que este apoyo es esencial para sobrevivir.
“Esta es una ayuda que tenemos las personas jubiladas con pensiones pequeñas y venimos aquí porque las cosas de la bodega solas no alcanzan”, explicó Carmen Casado Álvarez, de 84 años, quien recibe una pensión mensual equivalente a unos cuatro dólares en el mercado informal.
Casado, ingeniera química retirada del Ministerio de la Industria Ligera, vive sola y no cuenta con familiares cercanos ni remesas del exterior. Su caso refleja la situación de miles de ancianos cubanos que dependen de ayudas comunitarias o religiosas para complementar ingresos insuficientes.
La crisis económica que golpea la isla desde hace cinco años ha profundizado el deterioro del poder adquisitivo de los jubilados, muchos de los cuales perciben pensiones que no superan los 10 dólares mensuales. A ello se suma la reducción de la canasta básica subsidiada por el Estado y la escasez de alimentos y medicinas.
Cuba atraviesa además un fuerte proceso de envejecimiento poblacional. Según datos oficiales, más del 25% de los habitantes tiene más de 60 años, mientras que la población total ha disminuido en más de un millón de personas en los últimos años debido a la emigración masiva de jóvenes.
En este contexto, escenas de ancianos haciendo largas colas, caminando solos o dependiendo de la solidaridad comunitaria se han vuelto habituales en todo el país.
El deterioro también ha impactado el sistema sanitario, con escasez de medicamentos e insumos, y dificultades para atender enfermedades crónicas y tratamientos oncológicos.
Ante esta realidad, el Gobierno cubano ha comenzado a permitir iniciativas privadas limitadas, como servicios de cuidado para adultos mayores y residencias, un cambio significativo en un sistema históricamente centralizado.
Mientras tanto, historias como la de Carmen Casado reflejan una cotidianidad marcada por la resistencia: “Aquí se está luchando lo que se puede para sacar adelante al país”, resume.








