Washington / Ottawa, 29 de enero.—La administración del errático presidente estadounidense Donald Trump volvió a escalar su presión política y comercial contra Canadá, esta vez utilizando como palanca las próximas negociaciones del CUSMA (Acuerdo Canadá–Estados Unidos–México). El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, lanzó una advertencia directa al primer ministro canadiense Mark Carney, a quien acusó de priorizar el discurso político interno por encima de los intereses económicos de su país en un momento clave para la relación bilateral.
Las declaraciones se produjeron durante un evento celebrado en Washington, donde Bessent participó en la presentación de las llamadas “Cuentas Trump”, un controvertido instrumento de inversión infantil financiado por grandes corporaciones y multimillonarios estadounidenses, entre ellos Michael y Susan Dell, que aportaron más de 6.200 millones de dólares. Al ser interrogado por la creciente tensión entre Trump y Carney —agravada tras el discurso del primer ministro canadiense en el Foro Económico Mundial de Davos—, el alto funcionario estadounidense no ocultó el tono de advertencia.
“Simplemente alentaría al primer ministro Carney a hacer lo que crea que es mejor para el pueblo canadiense, no a sus propios alardes de virtud, porque próximamente tendremos la negociación del CUSMA”, afirmó Bessent. “No me metería en una pelea rumbo al CUSMA para ganar puntos políticos baratos”.
El secretario del Tesoro fue más allá al cuestionar la estrategia política del nuevo primer ministro canadiense, señalando que Carney llegó al poder con un mensaje abiertamente crítico hacia Estados Unidos y hacia Trump. “Ese no es el mejor lugar para estar cuando estás negociando con una economía mucho más grande que la tuya y que además es tu mayor socio comercial”, subrayó.
Las advertencias no llegan en el vacío. Tras la imposición de aranceles a varias exportaciones canadienses en 2025, como parte de la guerra comercial impulsada por Trump, la Casa Blanca ha intensificado sus amenazas de introducir cambios profundos al CUSMA, un acuerdo que debe ser revisado antes del 1 de julio de 2026. Incluso el propio Trump ha llegado a afirmar que Estados Unidos “no necesita” el tratado, pese al respaldo que este mantiene entre amplios sectores industriales estadounidenses.
En el mismo evento, Bessent arremetió contra el perfil tecnocrático de Carney, criticando su transición desde la política monetaria —como exgobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra— hacia la arena política. “En mi carrera como inversionista he visto lo que ocurre cuando un tecnócrata intenta convertirse en político. Nunca sale bien”, sentenció.
La escalada retórica también incluye declaraciones polémicas sobre la integridad territorial canadiense. Días antes, Bessent sugirió que Estados Unidos debería “recibir” a Alberta en caso de una hipotética secesión, argumentando que la provincia “tiene muchos recursos”, comentarios que reavivaron el debate sobre el separatismo en el oeste canadiense y provocaron indignación en Ottawa.
Según Bessent, Carney habría suavizado su discurso tras una llamada telefónica con Trump. Sin embargo, el primer ministro canadiense desmintió categóricamente esa versión. El 27 de enero, desde la Colina del Parlamento en Ottawa, Carney fue tajante: “Para ser totalmente claro, y se lo dije al presidente, lo que dije en Davos lo dije en serio”.
En aquel discurso, Carney advirtió que las potencias hegemónicas están recurriendo a la coerción económica para someter a países con menor peso geopolítico, una alusión que Trump interpretó como un ataque directo. La respuesta no se hizo esperar: amenazas de imponer aranceles de hasta el 100 % a Canadá si Ottawa avanza en acuerdos estratégicos con China, particularmente en sectores como los vehículos eléctricos y la canola.
Con el CUSMA en el horizonte y una relación bilateral cada vez más tensa, Canadá se enfrenta a una negociación decisiva en un contexto marcado por presiones comerciales, advertencias políticas y un clima de confrontación que vuelve a poner a prueba la estabilidad del principal acuerdo económico de América del Norte.








