BELÉN, Cisjordania, 24 dic.- Miles de personas se congregaron este martes en la Plaza del Pesebre de Belén para celebrar la víspera de Navidad, en un acontecimiento cargado de simbolismo tras dos años consecutivos sin festejos debido a la guerra entre Israel y Hamás. El gran árbol de Navidad, ausente durante el conflicto, volvió a erigirse como señal de esperanza y resiliencia en la ciudad donde los cristianos creen que nació Jesús.

Durante los dos últimos años, Belén había cancelado las celebraciones navideñas y optado por una escena del nacimiento rodeada de escombros y alambre de púas, en homenaje a la situación en Gaza. Este año, sin embargo, la ciudad retomó sus tradiciones con la llegada del cardenal Pierbattista Pizzaballa, máxima autoridad católica en Tierra Santa, quien encabezó la tradicional procesión desde Jerusalén a Belén e hizo un llamado a vivir “una Navidad llena de luz”.

Al llegar a la Plaza del Pesebre, Pizzaballa transmitió saludos de la pequeña comunidad cristiana de Gaza, donde celebró una misa previa el domingo, y afirmó que, pese a la devastación, percibió un fuerte deseo de reconstrucción. “Nosotros, todos juntos, decidimos ser la luz, y la luz de Belén es la luz del mundo”, expresó ante miles de asistentes, cristianos y musulmanes.

Impacto de la guerra y lenta recuperación del turismo
A pesar del ambiente festivo, el impacto del conflicto sigue siendo profundo en Cisjordania, especialmente en Belén, donde cerca del 80 % de la población depende del turismo, según autoridades locales. La mayoría de los asistentes a las celebraciones fueron residentes locales, con una presencia limitada de extranjeros, aunque algunos vecinos señalaron que el turismo comienza a regresar lentamente.

“Hoy es un día de alegría, un día de esperanza, el comienzo del regreso a la vida normal”, afirmó Georgette Jackaman, guía turística local, quien celebró la primera Navidad plena para sus dos hijos pequeños. Durante la guerra, ella y su esposo impulsaron un sitio web para vender artesanías palestinas, como forma de apoyar a quienes perdieron su sustento. La tasa de desempleo en Belén pasó del 14 % al 65 %, según el alcalde Maher Nicola Canawati.

La visitante francesa Mona Riewer explicó que decidió viajar a Belén para comprender mejor la realidad palestina, pese a las advertencias por la situación de seguridad. “La Navidad es como la esperanza en situaciones muy oscuras”, afirmó.

Tensión persistente y éxodo cristiano
Aunque un alto el fuego en Gaza rige desde octubre, las tensiones continúan en Cisjordania. El ejército israelí mantiene redadas contra milicianos y los ataques de colonos israelíes contra palestinos han alcanzado niveles récord desde que la ONU recopila datos en 2006. La pobreza y el desempleo han provocado que unas 4.000 personas abandonen Belén en busca de trabajo, una tendencia que afecta especialmente a la minoría cristiana, que hoy representa menos del 2 % de los cerca de tres millones de habitantes de Cisjordania.

Regreso de tradiciones y resiliencia regional
El desfile de scouts, con bandas procedentes de distintas localidades de Cisjordania, volvió a llenar las calles de música y color tras dos años de marchas silenciosas en señal de protesta. Para muchos residentes, como Irene Kirmiz, ver a jóvenes tocar tambores y gaitas simboliza la recuperación de la normalidad, pese a las dificultades de movilidad por los controles israelíes.

Mientras tanto, otras ciudades de Medio Oriente también marcaron la Navidad con gestos de resiliencia: en Nazaret, al norte de Israel, regresaron los desfiles infantiles y las escenas del nacimiento; en las afueras de Damasco, fieles encendieron un árbol de Navidad en una iglesia golpeada por un atentado meses atrás.

Tras dos años de silencio y duelo, Belén volvió a celebrar la Navidad como un acto de fe, resistencia y esperanza, en medio de un contexto regional aún marcado por la incertidumbre.

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