Ginebra, 23 NOV.- La primera ronda de negociaciones de paz entre Estados Unidos y Ucrania, celebrada este domingo en Ginebra, marcó un avance significativo en los esfuerzos diplomáticos para poner fin a la guerra con Rusia. Ambas delegaciones coincidieron en que hubo “buenos progresos” en torno al plan de paz de 28 puntos impulsado por Donald Trump, que se ha convertido en el eje del diálogo y en una propuesta tan polémica como determinante para el rumbo del conflicto.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, calificó el encuentro como “una de las reuniones más productivas hasta la fecha”, asegurando que ambas partes revisaron “punto por punto” el contenido del plan. Por su parte, el jefe de la delegación ucraniana, Andri Yermak, también destacó el clima constructivo de la sesión —que se extendió por más de hora y media— y agradeció tanto a EE.UU. como a Trump por su labor para reactivar la vía diplomática. Según Yermak, la participación europea será esencial en etapas posteriores, aunque por ahora los países del continente no han intervenido directamente en las conversaciones.

El presidente ucraniano Volodimir Zelensky pidió desde Kiev que el proceso en Ginebra logre un acuerdo capaz de detener “el derramamiento de sangre” en su país, y confirmó que algunas propuestas estadounidenses incluyen elementos críticos para los intereses nacionales ucranianos. En paralelo, Rustem Umerov, jefe del Consejo de Seguridad ucraniano, afirmó que la versión actual del borrador “refleja ya la mayoría de las prioridades clave de Ucrania”, aunque el texto continúa en revisión.

El plan de paz planteado por Trump incorpora puntos tan sensibles como la cesión de territorio, la reducción del Ejército ucraniano y la renuncia a ingresar en la OTAN, demandas que coinciden con varias exigencias del Kremlin. Rubio describió la propuesta como “un marco sólido” basado en sugerencias tanto de Ucrania como de Rusia, lo que ha generado inquietud entre los aliados europeos.

Trump, sin embargo, ha endurecido su postura en los últimos días. En la red social Truth Social, acusó a Ucrania de mostrar una “total falta de gratitud” hacia Estados Unidos y criticó a Europa por continuar comprando petróleo ruso mientras Washington envía armamento a la OTAN. También reiteró que la invasión rusa no habría ocurrido si él hubiera permanecido en la Casa Blanca, y aseguró que el plazo dado a Zelensky para responder al plan nunca fue una “última oferta”.

La comunidad internacional ha reaccionado con cautela. En un comunicado conjunto, líderes europeos, Japón y Canadá afirmaron que la propuesta estadounidense “es una base que requerirá trabajo adicional” y alertaron sobre el riesgo de dejar a Ucrania vulnerable ante futuros ataques si se aceptan ciertas concesiones. Aun así, mandatarios como el presidente finlandés Alexander Stubb y la primera ministra italiana Giorgia Meloni han mantenido conversaciones directas con Trump. Stubb reveló que el expresidente le respondió llamadas a las 5 a.m., un gesto que interpretó como prueba de la intensidad del esfuerzo diplomático.

Del lado ruso, el presidente Vladimir Putin ha recibido favorablemente la iniciativa, debido a que incorpora varias de las exigencias de Moscú. Pero la exclusión de los países europeos de la mesa negociadora ha generado tensiones con los aliados de Kiev, que insisten en su necesidad de participar para garantizar un acuerdo sostenible.

El conflicto entre Rusia y Ucrania, iniciado por la invasión de 2022, ha desencadenado una crisis de seguridad sin precedentes en Europa. Las negociaciones en Ginebra abren una nueva etapa marcada por la presión internacional, las diferencias estratégicas entre Washington y Europa y la urgencia humanitaria en el terreno. Con nuevas reuniones previstas para los próximos días, tanto EE.UU. como Ucrania buscan reducir brechas y acercarse a un texto que pueda convertirse en un acuerdo de paz viable.

Mientras tanto, la implicación directa de Trump y la capacidad de ambas delegaciones para ajustar el plan serán determinantes en las próximas semanas. Las repercusiones de estas conversaciones serán seguidas de cerca por gobiernos, analistas y ciudadanos, conscientes de que cualquier avance —o retroceso— podría redefinir la estabilidad regional y el futuro de Europa del Este.

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