SEATTLE, 13 oct.- Ramón Rodríguez Vázquez dedicó más de 16 años a trabajar en los campos agrícolas del sureste de Washington. A sus 62 años, tras cuatro décadas de vida en Estados Unidos junto a su esposa, cuatro hijos y diez nietos, jamás tuvo antecedentes penales. Sin embargo, una redada migratoria cambió su destino para siempre.
El pasado 5 de febrero, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) irrumpieron en su hogar en busca de otra persona, pero terminaron arrestándolo. A pesar de las cartas de apoyo de amigos, familiares y su médico, que resaltaban su papel esencial en el cuidado de su nieta enferma, le fue negada la libertad bajo fianza.
Rodríguez fue trasladado al centro de detención de ICE en Tacoma, Washington, donde su salud se deterioró rápidamente al no recibir de forma constante sus medicamentos para la hipertensión y otros padecimientos crónicos. Agotado emocional y físicamente, pidió ante un juez abandonar el país voluntariamente, sin un registro formal de deportación. Su solicitud fue concedida. Regresó solo a México.
Un reflejo del endurecimiento migratorio
El caso de Rodríguez es un símbolo del impacto humano de las políticas de “mano dura” del presidente Donald Trump, quien busca acelerar deportaciones y fomentar la llamada “autodeportación”, una estrategia que busca hacer la vida tan difícil a los inmigrantes que opten por irse por voluntad propia.
Según la Oficina Ejecutiva para la Revisión de Casos de Inmigración (EOIR), los jueces concedieron 15.241 salidas voluntarias en el último año fiscal, casi el doble que en el anterior. En el mismo periodo, el ICE realizó 319.980 deportaciones, mientras el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) aseguró que 1,6 millones de personas han abandonado el país desde que Trump asumió el cargo, aunque expertos califican esa cifra de exagerada.
El gobierno incluso ofrece 1.000 dólares a quienes se vayan voluntariamente a través de la aplicación CBP Home. Quienes se nieguen, advierte la subsecretaria del DHS, Tricia McLaughlin, corren el riesgo de ser enviados a terceros países. “El mensaje es claro: autodepórtese o lo deportaremos”, afirmó.
Testimonios de desesperación
Casos similares se repiten en cortes migratorias de todo el país. En Seattle, una colombiana renunció a su solicitud de asilo “porque ya no podía soportar el proceso”, mientras su pareja estadounidense denunciaba el trato “como si fuera una criminal”. En Tacoma, un juez concedió la salida voluntaria a un venezolano que pidió “solo regresar a casa”.
Los jueces, presionados por las nuevas directrices, limitan los tiempos para defenderse. “El tribunal determina que usted ha renunciado a todos los recursos de protección legal”, se escucha una y otra vez en las audiencias.
Una vida de trabajo, rota por una política
En Grandview, Washington, donde trabajaba Rodríguez, su empleador lo recuerda como un ejemplo de esfuerzo. “Era esencial para nuestro equipo”, escribió en una carta al juez. “Su ausencia se ha sentido profundamente”.
Durante su estancia en Estados Unidos, Rodríguez pasó de ganar 13.406 dólares en 2014 a 46.599 dólares en 2024, pagando sus impuestos año tras año. Su principal preocupación era su nieta con un grave problema cardíaco, a quien transportaba cientos de kilómetros para recibir atención médica. El propio pediatra de la niña pidió su liberación, advirtiendo que sin su ayuda la menor no podría recibir cuidados adecuados.
Pero el juez fue inflexible. En marzo le negó la fianza. Rodríguez apeló, convirtiéndose en demandante principal de una querella federal para permitir que inmigrantes detenidos pudieran solicitar libertad bajo fianza.
El 30 de septiembre, un juez federal dictaminó que negar audiencias de fianza es ilegal, un fallo histórico. Sin embargo, para Rodríguez llegó demasiado tarde. Había partido de Estados Unidos, con la esperanza perdida y el corazón roto.
Su esposa, Gloria Guízar, resume el sentimiento de miles de familias separadas:
“Él era la cabeza de la casa, quien se ocupaba de todo. Estar separados nos ha destrozado. Aunque nuestros hijos ya son grandes, todos lo extrañan.”








