REDACCIÓN SALUD, 13 oct.— Abandonar el tabaco, incluso en edades avanzadas, puede tener un impacto positivo en la salud cerebral, reduciendo significativamente el deterioro cognitivo y el riesgo de demencia, según un estudio publicado este lunes en The Lancet Healthy Longevity. La investigación, liderada por el University College de Londres (UCL), analizó datos de casi 9.500 personas de 12 países, entre ellos España, Francia, Alemania y Estados Unidos.
Los investigadores constataron que quienes dejaron de fumar a partir de los 40 años mostraron una disminución más lenta en sus capacidades cognitivas —como la memoria y la fluidez verbal— en comparación con quienes continuaron fumando. En promedio, los exfumadores presentaron una tasa de deterioro verbal un 50 % más lenta y una pérdida de memoria un 20 % menor durante los seis años posteriores a dejar el hábito.
El estudio se basó en datos recogidos cada dos años en tres proyectos longitudinales internacionales. Los participantes, con una media de edad de 58 años, fueron emparejados según su nivel educativo, edad, país de origen y puntuaciones cognitivas iniciales, lo que permitió establecer una comparación rigurosa entre fumadores y exfumadores.
Los resultados muestran que, antes de abandonar el tabaco, ambos grupos presentaban un deterioro similar, pero tras dejar de fumar, las trayectorias cognitivas se separaron: quienes abandonaron el cigarrillo mantuvieron una mayor agudeza mental con el paso de los años.
Según los autores, dejar de fumar equivale a tres o cuatro meses menos de deterioro de la memoria y hasta seis meses menos de pérdida de fluidez verbal por cada año de envejecimiento, en comparación con quienes siguen fumando.
“Ya sabíamos que dejar de fumar mejora la salud física y el bienestar, pero ahora vemos que también protege la salud cognitiva a largo plazo. Nunca es demasiado tarde para dejarlo”, afirmó Mikaela Bloomberg, investigadora del Instituto de Epidemiología y Atención Sanitaria del UCL.
El epidemiólogo Andrew Steptoe, coautor del estudio, señaló que “un deterioro cognitivo más lento está relacionado con un menor riesgo de demencia”, lo que refuerza el papel del abandono del tabaco como estrategia preventiva clave frente a esta enfermedad neurodegenerativa.
Los científicos subrayan además que muchas personas son menos propensas a intentar dejar de fumar a partir de la mediana edad, precisamente cuando los daños del tabaquismo son más pronunciados. Por ello, los autores instan a los responsables políticos a reforzar las medidas de control del tabaco y las campañas de prevención.








