LONDRES, Ontario. – Robert Apgar-Taylor aún recuerda el día en que cruzó la frontera hacia Canadá junto a su esposo, Robert Taylor. Huyendo del ambiente político cada vez más hostil en Estados Unidos, buscaban seguridad y estabilidad en su nueva vida al norte de la frontera.
“Nos tomamos una foto en la frontera. Era invierno. Llevábamos nuestras camisas de franela y gorros, con el camión de mudanza detrás. Estábamos muy emocionados”, cuenta Apgar-Taylor, ex reverendo de la Iglesia Unida de Cristo, hoy pastor en la Iglesia Unida de Canadá en London, Ontario.
La pareja, a la que en esta historia se identifica como Robert y Rob para evitar confusiones, se mudó en diciembre de 2022.
Trump y el inicio de un éxodo silencioso
Desde la elección de Donald Trump en 2016, la pareja sintió que la situación en su país natal se volvía insostenible. Eliminación de páginas oficiales con información LGBTQ+, represión violenta contra manifestantes, el asalto al Capitolio y, finalmente, la anulación del caso Roe v. Wade en 2022 fueron señales claras de que era hora de marcharse.
“Quince segundos después de escuchar la noticia sobre Roe v. Wade, Rob me miró y dijo: ‘Ya basta. Tenemos que irnos’”, recuerda Apgar-Taylor.
No son los únicos. Desde la reelección de Trump, más estadounidenses LGBTQ+ han mostrado interés en mudarse a Canadá. La Iglesia Unida de Canadá, que antes recibía entre tres y cinco solicitudes de clérigos estadounidenses al año, reporta ahora cerca de 20.
Racismo y miedo en las iglesias del sur
A pocos kilómetros de la parroquia de Apgar-Taylor, el reverendo Joshua Lawrence vive una historia similar. Activista por los derechos civiles en Texas, decidió mudarse a Ontario junto a su esposa y su hijo pequeño tras presenciar un aumento de la intolerancia y la violencia.
“Se han quemado iglesias negras en el sur. El Ku Klux Klan y el terrorismo blanco han resurgido de otras formas”, explica Lawrence.
En su antigua congregación, incluso recibió correos electrónicos sugiriendo que su esposa debía abandonar la parroquia por ser afroamericana. Finalmente, fue despedido por tener “valores demasiado liberales”.
“En Texas, apoyar abiertamente a la comunidad LGBTQ+ o denunciar el racismo podía ponerte en riesgo”, asegura.
Obstáculos para establecerse en Canadá
Si bien Canadá representa un refugio, el proceso de establecerse no ha sido sencillo. Tanto Apgar-Taylor como Lawrence llegaron con visas de trabajo vinculadas a la Iglesia Unida de Canadá, pero la residencia permanente sigue siendo un desafío.
En Ontario, deben pagar un impuesto del 25% sobre propiedades para compradores extranjeros, lo que ha retrasado sus planes de vivienda. Además, Rob tuvo que abandonar su carrera como policía en Washington, D.C., y ahora trabaja en un almacén nocturno.
La esposa de Lawrence, partera y técnica en ultrasonido, aún no ha podido validar sus credenciales en Canadá, lo que la obliga a viajar a EE.UU. para trabajar durante semanas.
“Hubo momentos en que nos preguntamos si habíamos tomado la decisión correcta”, admite Lawrence.
Un camino limitado
El abogado de inmigración Greg Willoughby explica que no existe un programa especial para estadounidenses que busquen salir por motivos políticos.
“Si no eres joven, con un título canadiense y experiencia laboral en el país, no acumularás suficientes puntos para inmigrar”, señala.
Aunque algunos apelan a solicitudes humanitarias, las posibilidades de éxito son reducidas. “Ya no es la guerra de Vietnam. La puerta está cerrada”, afirma.
Un “estadounidense en recuperación”
Pese a todo, Apgar-Taylor y Rob aseguran que no regresarían a EE.UU. “Mi nombre es Rob y soy un estadounidense en recuperación”, bromea el pastor en sus sermones.
Ambos sienten que, por primera vez, pueden respirar tranquilos. “No te das cuenta de cuánto aguantas la respiración hasta que ya no tienes que hacerlo. Eso es lo que significa estar en Canadá”, concluye Apgar-Taylor.





