La Paz, 16 agosto.- Más de 7,5 millones de bolivianos están llamados a las urnas este domingo en unas elecciones generales que podrían marcar un giro histórico en la política del país, tras dos décadas de dominio del Movimiento al Socialismo (MAS). Los comicios definirán al nuevo presidente, vicepresidente y la composición del Parlamento para el próximo quinquenio, mientras otros 369.308 ciudadanos en el extranjero podrán participar votando únicamente por el binomio presidencial.

De las ocho fuerzas políticas en contienda, los favoritos según las encuestas son Samuel Doria Medina, empresario de centroderecha, y el expresidente Jorge «Tuto» Quiroga (2001-2002), representante de la derecha. Ambos se perfilan para disputar una segunda vuelta inédita, contemplada en la Constitución desde 2009, que se activa si ningún candidato obtiene más del 50% de los votos válidos, o al menos el 40% con diez puntos de ventaja sobre su rival más cercano.

El oficialismo llega fragmentado. Eduardo del Castillo, candidato del MAS, figura en los últimos lugares de las encuestas, mientras que Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y heredero político de Evo Morales, tampoco logra despuntar. A esta división se suma la fractura que provocó Morales, quien insistió en ser candidato pese a las restricciones constitucionales. Su exclusión lo llevó a promover el voto nulo, alentado por miles de sus seguidores en las calles en los últimos meses.

La elección se presenta marcada por la incertidumbre del voto indeciso, además de un alto porcentaje de votos blancos y nulos. De acuerdo con la ley, estos no cuentan en el cómputo de votos válidos, pero sí se reflejan en las estadísticas. Aun si los votos nulos o blancos resultaran mayoría, el resultado oficial se definirá sobre los votos válidos emitidos.

El voto en Bolivia es obligatorio, y cada ciudadano debe presentar el certificado de sufragio durante los 90 días posteriores para realizar trámites en instituciones públicas y bancos. Las mesas de votación abrirán a las 8:00 (hora local) y permanecerán habilitadas por ocho horas o hasta que el último elector de la fila emita su voto.

En materia de control electoral, el país estrenará el Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (Sirepre), probado en simulacros en los nueve tribunales departamentales. Además, estarán presentes 14 misiones internacionales, entre ellas la Unión Europea (UE) y la Organización de Estados Americanos (OEA), junto con cinco delegaciones nacionales.

Desde el jueves rige el silencio electoral y el “auto de buen gobierno”, que prohíbe reuniones masivas, consumo de alcohol y circulación de vehículos sin autorización del Tribunal Electoral.

Impacto cultural y político

El proceso electoral boliviano no solo se interpreta como un ejercicio democrático, sino como un punto de inflexión cultural. Durante dos décadas, el MAS marcó la vida política, social y simbólica del país con un discurso indigenista y de izquierda que transformó la identidad del Estado Plurinacional. Ahora, la posibilidad de un viraje hacia opciones de centro o derecha implicaría un cambio profundo en el relato nacional, en la política económica y en la relación con los movimientos sociales.

Además, el papel de Evo Morales como figura polarizadora sigue pesando en la cultura política boliviana: para algunos, un símbolo de lucha indígena; para otros, un obstáculo para la renovación democrática. En cualquier caso, el resultado de estos comicios definirá si Bolivia continúa en la senda de su hegemonía histórica o abre la puerta a un nuevo ciclo político.

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