
SWEIDA (SIRIA), 16 julio. Al menos 203 personas han muerto en la provincia siria de Sweida durante tres días de intensos enfrentamientos entre milicias drusas, fuerzas gubernamentales y grupos beduinos, en uno de los episodios más sangrientos desde la caída de Bashar al Assad en diciembre de 2024. A pesar del anuncio de un alto el fuego por parte de Damasco, la violencia continúa y deja una situación humanitaria crítica en esta ciudad del sur del país.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) denunció que entre los fallecidos hay 111 efectivos de Defensa y Seguridad del régimen, y al menos 71 residentes locales, incluidos cuatro menores de edad. La organización con sede en Londres también reportó 21 ejecuciones sumarias de civiles drusos a manos de las fuerzas de seguridad sirias.
Barrida militar y ruptura del alto el fuego
Las fuerzas del régimen irrumpieron en Sweida tras varios días de combates, con el objetivo declarado de restablecer el orden. No obstante, pocas horas después del anuncio de un alto el fuego y la retirada de vehículos militares, nuevos ataques armados sacudieron la ciudad, dejando sin efecto los pactos establecidos con líderes comunitarios y religiosos.
Testimonios locales dan cuenta de saqueos, incendios de viviendas y tiendas, y ejecuciones extrajudiciales. Según AlSueida24, al menos 13 personas fueron asesinadas en una casa de huéspedes de la familia Ridwan. “Ha habido robos, miedo y total impunidad”, dijo a la prensa una residente que prefirió no identificarse.
Israel interviene con bombardeos
En un hecho sin precedentes, Israel confirmó bombardeos a posiciones sirias en Sweida, alegando protección a la comunidad drusa y la necesidad de garantizar una zona desmilitarizada en los Altos del Golán. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su ministro de Defensa, Israel Katz, aseguraron que “actuamos para impedir que el régimen sirio dañe a los drusos”.
Varios testigos en la región reportaron sobrevuelos de drones y aviones israelíes, mientras ambulancias evacuaban a decenas de heridos. Israel ha responsabilizado directamente al gobierno de Damasco por “las consecuencias” del conflicto.
Deterioro humanitario extremo
El OSDH advirtió sobre un rápido colapso de las condiciones de vida: escasez de agua, electricidad, alimentos y atención médica, sumado a un toque de queda que mantiene a miles de civiles confinados sin recursos. Las carreteras están bloqueadas y los comercios cerrados, lo que agrava aún más la crisis.
Según estimaciones, más de 700.000 drusos viven en Siria, principalmente en Sueida, con comunidades también en Líbano e Israel. La violencia actual reaviva tensiones históricas con tribus beduinas, en un contexto donde el Estado ha perdido autoridad tras la salida de Assad.
Inestabilidad post-Assad
El país sigue inmerso en el caos desde que Bashar al Assad fue derrocado en diciembre de 2024 por una coalición de rebeldes y grupos islamistas. El actual líder de transición, Ahmed al Shara —conocido como Abú Mohamed al Golani, exlíder de Hayat Tahrir al Sham—, prometió restablecer el orden, pero la fragmentación territorial y la violencia sectaria no han cesado.
La comunidad internacional observa con creciente alarma. Naciones Unidas y diversas ONG han solicitado acceso humanitario inmediato y han condenado las ejecuciones de civiles. Entretanto, Sweida se convierte en el nuevo epicentro de la tragedia siria, bajo un fuego cruzado que amenaza con reactivar viejos conflictos en la región.







