Redacción, 2 de noviembre.- Un estudio publicado en la revista Earth and Space Science actualizó más de diez años de mediciones de dióxido de carbono tomadas desde el espacio por la NASA.
La revisión mejora la información sobre este gas, uno de los que contribuyen al calentamiento global, y permite seguir sus cambios en la atmósfera con una frecuencia mensual.
El estudio reúne la información captada desde septiembre de 2014 por dos instrumentos de la NASA. Uno es un satélite que orbita la Tierra y el otro está instalado en la Estación Espacial Internacional desde 2019.
Los científicos no lanzaron un aparato nuevo. En cambio, revisaron la forma en que se interpretan los datos que ya habían reunido los dos instrumentos. Con esos cambios, el registro coincide mejor con las mediciones de gran precisión que se realizan desde distintos puntos de la Tierra.
Los datos del análisis surgen de equipos de observación llamados Orbiting Carbon Observatory-2 y Orbiting Carbon Observatory-3, o OCO-2 y OCO-3. El primero funciona como satélite desde 2014; el segundo fue instalado en la Estación Espacial Internacional en 2019.
OCO-2 y OCO-3 observan la luz del Sol que rebota en la superficie terrestre. Esa luz atraviesa el aire antes de llegar a los instrumentos y aporta información sobre la cantidad de CO₂ que hay en la atmósfera.
Cada jornada, ambos equipos reúnen más de un millón de observaciones. Después, un sistema informático organiza esa información y calcula los niveles de dióxido de carbono presentes en el aire. El resultado permite crear una imagen más amplia de lo que ocurre en diferentes partes del planeta.
El CO₂ es un gas que se libera, entre otras causas, al quemar combustibles como carbón, petróleo y gas. También se intercambia de manera natural entre el aire, los océanos, los suelos y la vegetación. Una parte queda almacenada en bosques y mares; otra permanece en la atmósfera y retiene calor.
Por ese motivo, seguir sus variaciones ayuda a entender mejor cómo responde la Tierra a los cambios del clima. Las mediciones desde el espacio no sustituyen a las estaciones instaladas en tierra, pero suman información en regiones donde hay pocos equipos de control y permiten comparar zonas muy distantes entre sí.
El nuevo estudio se concentró en mejorar la lectura de los datos. En ocasiones, elementos como las nubes, las partículas suspendidas en el aire o el reflejo del Sol sobre el océano pueden dificultar la observación. Los investigadores ajustaron sus cálculos para reducir el efecto de esas condiciones.








