Barcelona, 7 de octubre.- Un equipo científico liderado por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) de Barcelona, en colaboración con la Universidad Martin-Luther y el Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas, ha detectado una señal biológica en la sangre capaz de mostrar los primeros signos de daño en sus estructuras presinápticas asociados al Alzheimer hasta 21 años antes de que comiencen los síntomas de deterioro cognitivo. Cabe subrayar que, hasta ahora, detectar este deterioro temprano de las conexiones cerebrales mediante una simple prueba de sangre era un verdadero desafío.
No obstante, los investigadores han descubierto que hay una proteína que actúa como un chivato: la β-sinucleína. Al parecer, este es un indicador del estado de sinapsis (las conexiones mediante las cuales se comunican las neuronas y que son las primeras en fallar) cuando sus niveles sanguíneos comienzan a elevarse de forma anómala desde la tercera década de vida.
El estudio se ha centrado, concretamente, en personas con síndrome de Down, un colectivo con una mayor predisposición a desarrollar la enfermedad. De hecho, su edad media de diagnóstico del Alzheimer prodrómico (los primeros indicios) se sitúa en los 50 años, mientras que la demencia se manifiesta hacia los 54 años. Un dato que contrasta con una persona que padece de esa trisomía 21 solo tiene un 0,05% de probabilidad de desarrollar entre los 40 y los 60 años. En cambio, los septuagenarios que tienen síndrome de Down tienen una prevalencia del 90 % al 100 % de la enfermedad cognitiva.
Con esta investigación, la Dra. Olivia Belbin, jefa del grupo de Neurodegeneración Molecular del IR Sant Pau y autora sénior, señala su objetivo principal: “Uno de los grandes retos de la investigación en Alzheimer es comprender qué está ocurriendo en el cerebro muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Conocer mejor estos primeros cambios es esencial para identificar en qué momento empiezan a fallar las sinapsis y para abrir la puerta a estudiar intervenciones en fases cada vez más tempranas de la enfermedad”.
Para llevar a cabo la investigación, el equipo evaluó a una cohorte de 131 participantes: 88 adultos con síndrome de Down en distintos estadios y 43 controles sanos. Los análisis, publicados en la revista Alzheimer’s & Dementia, mostraron que la β-sinucleína en suero era ya 1,83 veces superior en personas con síndrome de Down asintomáticas respecto a los controles, elevándose a 2,82 veces en la fase prodrómica y a 3,67 veces en quienes padecían demencia.
Según exponen las autoras en el estudio: “Los cambios en la β-sinucleína sérica preceden a los biomarcadores sanguíneos de la patología del Alzheimer en el síndrome de Down”. En otras palabras, la alteración de la β-sinucleína se adelanta en más de siete años a otros marcadores sanguíneos bien conocidos, como la pTau217 (ovillos de proteína tau), la NfL (daño en los axones) y la GFAP (respuesta inflamatoria glial).
Aunque “estudios anteriores ya habían mostrado que la β-sinucleína aumenta de forma precoz en la enfermedad de Alzheimer y también en personas con síndrome de Down”, como señala Alba Cervantes González, primera autora e investigadora del IR Sant Pau, la revelación de este estudio ha sido sorprendente. “Nos faltaba saber cómo se comportaba en comparación con otros biomarcadores sanguíneos y a lo largo de las distintas fases de la enfermedad”, explica. Además, en esta investigación han descubierto que “lo interesante es que estos biomarcadores no nos están contando exactamente lo mismo. pTau217, NfL o GFAP reflejan distintos procesos de la enfermedad, mientras que la β-sinucleína nos aporta información sobre las sinapsis”.
La investigación ha comprobado que esta elevación proteica tiene un impacto directo en la salud cerebral. Las concentraciones más altas de β-sinucleína se asociaron con un menor rendimiento en la memoria episódica. Mediante resonancia magnética y PET de glucosa, se observó que niveles elevados de esta proteína se relacionan con una menor cantidad de sustancia gris y un menor metabolismo en regiones cerebrales clave como los lóbulos temporal, parietal y prefrontal.
De hecho, el texto destaca en sus puntos clave que “una mayor β-sinucleína se asocia con atrofia cortical e hipometabolismo” en estas zonas. De este modo, la Dra. Belbin explica que saber que esta proteína se relaciona también “con la memoria y con cambios que podemos observar directamente en el cerebro refuerza la idea de que no estamos simplemente ante una diferencia en un análisis de sangre, sino ante una señal vinculada a procesos relevantes de la enfermedad”.
Asimismo, con este descubrimeinto se podría disponer de análisis de sangre para hacer un seguimiento a los pacientes de una forma sencilla y poco invasiva frente a punciones lumbares o neuroimagen. “Si queremos actuar cada vez antes frente al Alzheimer, necesitamos entender la secuencia de cambios que se produce mucho antes de la demencia”, sentencia por su parte Alba Cervantes.








