Washington, 24 ago.- El Gobierno de Donald Trump prepara una nueva ofensiva económica y financiera contra Irán con el objetivo de profundizar el aislamiento del régimen de Teherán y presionarlo para que permita la reapertura del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas para el transporte mundial de petróleo.
Las nuevas medidas serán anunciadas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien las presentó como una ofensiva financiera de gran alcance destinada a cortar las principales fuentes de ingresos que permiten al Gobierno iraní sostener su economía y sus capacidades militares.
Bessent aseguró que Estados Unidos ha debilitado considerablemente las capacidades militares y el programa nuclear iraní y sostuvo que Washington entra ahora en una nueva etapa de presión económica contra Teherán.
Estados Unidos apunta al flujo de dinero procedente de China
Una de las prioridades de la nueva estrategia será restringir el acceso de Irán al sistema financiero internacional y dificultar el flujo de divisas procedentes de China.
Las autoridades estadounidenses estudian medidas contra empresas y entidades financieras que participan en operaciones comerciales con Irán, además de posibles sanciones a terceros países que mantengan determinados intercambios con el régimen iraní.
La estrategia busca reducir los recursos disponibles para financiar las operaciones militares y mantener el funcionamiento de la economía iraní.
La Administración Trump pretende utilizar las sanciones como mecanismo de presión para llevar nuevamente a Teherán a una negociación indirecta con Washington.
El estrecho de Ormuz, en el centro de la disputa
El estrecho de Ormuz constituye uno de los principales puntos estratégicos del comercio energético mundial. Por esa vía marítima circula una parte significativa del petróleo y otros productos energéticos procedentes del golfo Pérsico hacia los mercados internacionales.
El control que Irán mantiene sobre la zona ha generado una fuerte preocupación en los mercados energéticos y contribuido al incremento del precio del petróleo desde el comienzo de las hostilidades.
Para Trump, lograr la libre navegación por Ormuz es fundamental para reducir la presión sobre los precios de los combustibles en Estados Unidos, un asunto especialmente sensible de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
La Casa Blanca ha descartado por ahora recurrir a una nueva operación militar para conseguir ese objetivo y apuesta por incrementar la presión económica y financiera.
Irán amenaza con responder contra los países del Golfo
La estrategia estadounidense, sin embargo, podría desencadenar una respuesta de Teherán contra los aliados árabes de Washington en Medio Oriente.
Mohsen Rezaee, representante del líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, ante el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, advirtió que cualquier país que colabore con las nuevas restricciones económicas estadounidenses será considerado enemigo por Irán.
La advertencia genera preocupación particularmente en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Arabia Saudita, países que podrían quedar expuestos a represalias si Teherán decide responder militarmente a las nuevas sanciones.
Los gobiernos árabes aliados de Estados Unidos han transmitido a Trump sus reservas ante una escalada militar, debido a que serían algunos de los primeros afectados por una eventual respuesta iraní.
Trump busca evitar una nueva escalada militar
Ante este escenario, el presidente estadounidense habría optado por suspender temporalmente los planes militares del Pentágono y priorizar una estrategia basada en sanciones financieras y comerciales.
El objetivo sería utilizar la presión económica para obligar a Irán a regresar a las negociaciones y alcanzar un acuerdo que permita garantizar la navegación internacional por Ormuz.
Sin embargo, Teherán ha mostrado hasta ahora poca disposición a negociar mientras continúen el bloqueo del estrecho y las nuevas medidas económicas estadounidenses.
La situación representa además un desafío político para Trump. La posibilidad de una nueva escalada con Irán genera rechazo entre buena parte de la opinión pública estadounidense, mientras el aumento del precio de los combustibles añade presión sobre la Administración.
Bessent tenía previsto presentar los detalles de la nueva estrategia durante una conferencia de prensa en Washington, en lo que la Casa Blanca ha definido como el comienzo de una nueva fase de su campaña de presión contra Irán.







