Washington, 24 agosto.- La ruptura de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá abre la puerta a una nueva escalada arancelaria que podría comenzar a trasladarse a los precios que pagan los consumidores estadounidenses.
Tras el fracaso de las conversaciones de última hora, el presidente Donald Trump impuso el sábado aranceles del 50 % sobre productos canadienses valorados en unos 20.000 millones de dólares.
Canadá, por su parte, prepara una respuesta equivalente «dólar por dólar» que entraría en vigor el 8 de septiembre, según anunció el primer ministro Mark Carney.
Para las empresas estadounidenses afectadas, las alternativas son limitar las importaciones hasta agotar sus inventarios, asumir el costo de los nuevos gravámenes o buscar proveedores en otros países.
Sin embargo, sustituir a los proveedores canadienses no necesariamente será más barato. Muchas compañías recurrieron inicialmente a Canadá debido a sus ventajas en costos, proximidad y logística, por lo que cambiar de origen podría elevar también sus gastos.
A esto se suma el aumento de los costos energéticos y del transporte derivado de la guerra en Irán, lo que reduce el margen de las empresas para absorber el impacto de los nuevos aranceles.
Si Ottawa aplica finalmente sus medidas de represalia, existe además un alto riesgo de que Washington responda con nuevos gravámenes, profundizando el conflicto entre dos de los principales socios comerciales de América del Norte.
Papel y productos derivados de la madera
Entre los artículos afectados figuran productos de papel de uso cotidiano, como papel para hornear, vasos y platos de papel, además del kraftliner, un tipo de cartón resistente utilizado en la fabricación de cajas corrugadas.
La lista también incluye diferentes variedades de madera contrachapada.
Las categorías de productos alcanzadas por los nuevos aranceles representaron aproximadamente 1.500 millones de dólares en importaciones estadounidenses procedentes de Canadá durante el último año.
El aumento de los costos de importación podría terminar repercutiendo en fabricantes, distribuidores y consumidores si las empresas no encuentran alternativas competitivas.
Alcohol canadiense
El vino, la cerveza y las bebidas espirituosas, incluidos productos como whisky, vodka y ginebra, también están entre las mercancías afectadas.
Estados Unidos importó alrededor de 1.500 millones de dólares en bebidas alcohólicas procedentes de Canadá el año pasado.
El sector ya se había convertido en uno de los principales puntos de conflicto entre ambos países. Las provincias canadienses retiraron de sus establecimientos numerosas bebidas alcohólicas estadounidenses en respuesta a los aranceles impuestos anteriormente por Trump.
Las restricciones se mantienen en buena parte del país.
En un intento por facilitar un acuerdo comercial, Carney pidió recientemente a los primeros ministros provinciales que estudiaran la posibilidad de volver a colocar productos estadounidenses en las estanterías.
Leche, queso y mantequilla
Los productos lácteos canadienses constituyen otro de los sectores afectados por la nueva ronda de aranceles estadounidenses.
La medida alcanza productos como leche, queso, mantequilla y suero de leche. En conjunto, Estados Unidos importó unos 780 millones de dólares en productos lácteos desde Canadá durante el último año.
Trump ha acusado además a Canadá de restringir injustamente el acceso de los productos lácteos estadounidenses a su mercado.
El sector lácteo forma parte de una disputa comercial más amplia en la que Washington también ha cuestionado las políticas canadienses relacionadas con los automóviles y las bebidas alcohólicas.
La combinación de aranceles más elevados, represalias canadienses y posibles nuevas medidas de Washington aumenta el riesgo de que el conflicto comercial termine repercutiendo en los precios de productos cotidianos para los consumidores de ambos países.








