Bogotá, 24 julio 2026.- Treinta años después del desmantelamiento del cartel de Cali, una de las organizaciones narcotraficantes más poderosas de la historia, Miguel Ángel Rodríguez Moreno, hijo de uno de sus fundadores, asegura que ha construido una vida alejada del pasado criminal de su familia y rechaza el estigma asociado a su apellido.
“Me he desligado”, afirmó Rodríguez Moreno en una entrevista con EFE. Su padre, Miguel Rodríguez Orejuela, de 82 años, cumple actualmente una condena en una prisión de Estados Unidos, mientras que su tío Gilberto Rodríguez Orejuela falleció en mayo de 2022 mientras estaba recluido en ese país.
Rodríguez Moreno, de 49 años, sostiene que nunca formó parte de la organización criminal y que desarrolló una carrera independiente como abogado y consultor empresarial. Además, creó el pódcast “Punto de Quiebre”, dedicado a historias de personas que lograron reconstruir sus vidas después de atravesar situaciones difíciles.
El peso de un apellido ligado al narcotráfico
El cartel de Cali, liderado por los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, llegó a convertirse durante las décadas de 1980 y 1990 en una de las mayores estructuras del narcotráfico mundial, con una amplia red de distribución de cocaína y una fuerte disputa por el control del negocio ilícito frente al cartel de Medellín, dirigido por Pablo Escobar.
La captura de los principales líderes puso fin a una organización que durante años enfrentó al Estado colombiano y protagonizó una etapa marcada por violencia, corrupción y poder económico derivado del narcotráfico.
Para Miguel Ángel Rodríguez Moreno, aquel momento representó un cambio definitivo en su vida. Tenía 17 años cuando, el 6 de agosto de 1995, salió de su habitación y encontró a su madre y otros familiares llorando en la sala de su casa.
“Lo primero que se me vino a la mente fue: ‘A mi papá lo mataron’. Cuando me dijeron que lo habían capturado descansé, porque para mí fue volver a reencontrarme con él, aunque fuera en una cárcel”, recordó.
Una infancia protegida de la realidad familiar
Rodríguez Moreno explica que durante su infancia y adolescencia vivió en una especie de aislamiento respecto a los negocios de su familia.
“Éramos unas personas en una cúpula de cristal”, señaló, al recordar que sus padres intentaban mantener a los hijos alejados de las actividades de los adultos.
Según relata, en aquella época era más difícil acceder a información y conocer la verdadera dimensión de las actividades de su padre. La captura fue el momento en que comprendió el alcance de la situación.
Paradójicamente, asegura que la prisión permitió fortalecer la relación con Miguel Rodríguez Orejuela. Durante los años en que estuvo escondido antes de su captura apenas podían verse, mientras que durante su reclusión en Colombia lograron compartir más tiempo juntos.
“Cuando estuvo en la cárcel fue donde realmente nos conocimos. Compartíamos mucho más que cuando estaba libre”, afirmó.
La relación con su padre en prisión
Miguel Rodríguez Orejuela fue extraditado a Estados Unidos en 2005 y en 2006 se declaró culpable de delitos relacionados con narcotráfico y lavado de dinero. Actualmente cumple condena en una prisión federal de baja seguridad en Texas.
Su hijo asegura que mantiene comunicación telefónica con él, aunque no puede visitarlo porque no cuenta con autorización para ingresar a Estados Unidos.
Según Rodríguez Moreno, su padre enfrenta algunos problemas de memoria asociados a la edad, pero considera que su estado de salud es similar al de otras personas de su generación.
Una nueva identidad lejos del pasado
A tres décadas de la caída del cartel de Cali, Rodríguez Moreno evita hablar sobre el funcionamiento interno de la organización o sobre el narcotráfico actual, argumentando que no formó parte de esa historia.
“Me he desligado de algo porque tengo muy claro mi amor propio y mi conciencia tranquila de que nunca participé en un acto criminal”, concluyó.
El hijo de uno de los antiguos líderes del cartel de Cali asegura que su objetivo ha sido construir una trayectoria propia y demostrar que una herencia familiar marcada por la polémica no determina necesariamente el camino personal de una persona.








