Fort Collins, 1 de mayo de 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, otorgó una aprobación clave para la construcción de un nuevo oleoducto entre Canadá y EE.UU., conocido como “Keystone Light”, reavivando el debate sobre energía, cambio climático y seguridad ambiental.
El proyecto, impulsado por Bridger Pipeline LLC, contempla la ampliación de un oleoducto de aproximadamente 1.050 kilómetros, capaz de transportar hasta 550.000 barriles diarios de petróleo desde Canadá hacia los estados de Montana y Wyoming, donde se conectaría con otras infraestructuras energéticas.
La iniciativa recuerda al controvertido proyecto Keystone XL, que fue cancelado en 2021 por el entonces presidente Joe Biden debido a preocupaciones sobre el impacto ambiental y el cambio climático.
“Un poco diferente de la última administración… nosotros estamos levantando oleoductos”, afirmó Trump al firmar el permiso que permite al proyecto cruzar la frontera entre Saskatchewan y el noreste de Montana.
El nuevo oleoducto, que no atravesaría reservas indígenas, se construirá en su mayoría sobre corredores ya existentes y terrenos privados. Además del crudo, el permiso incluye el transporte de productos como gasolina, diésel, queroseno y gas licuado.
Sin embargo, el proyecto aún necesita superar evaluaciones ambientales estatales y federales antes de iniciar su construcción, prevista para 2027 y con finalización estimada entre 2028 y 2029.
Preocupación ambiental y antecedentes de derrames
Organizaciones ecologistas han encendido las alarmas por el historial de accidentes de la empresa operadora. Entre los incidentes más graves figura un derrame de más de 240.000 litros de crudo en el río Yellowstone en 2015, que contaminó el suministro de agua potable en Montana.
Grupos como Montana Environmental Information Center y WildEarth Guardians advierten que el riesgo de fugas es inherente a este tipo de infraestructuras.
“Los oleoductos se rompen y tienen fugas. Es simplemente un hecho”, señaló la abogada ambiental Jenny Harbine.
Ante estas críticas, la empresa asegura haber reforzado la seguridad mediante sistemas de detección de fugas basados en inteligencia artificial y técnicas de perforación profunda bajo ríos clave como el Yellowstone y el Missouri.
Impacto político y económico
La aprobación del proyecto también tiene implicaciones geopolíticas y económicas. Canadá, que ya había expresado frustración tras la cancelación del Keystone XL, ve en esta iniciativa una oportunidad para fortalecer sus exportaciones energéticas hacia Estados Unidos.
Al mismo tiempo, el proyecto podría convertirse en un punto de fricción política interna en EE.UU., especialmente en un contexto donde la transición energética y la dependencia de combustibles fósiles siguen siendo temas centrales.
La decisión de Trump marca así un giro en la política energética estadounidense, apostando por la expansión de la infraestructura petrolera en contraste con las restricciones impulsadas por administraciones anteriores.
Mientras tanto, el futuro del “Keystone Light” dependerá no solo de los permisos pendientes, sino también de la presión legal y social que ya comienza a intensificarse en torno a uno de los proyectos más polémicos del sector energético en América del Norte.







