Caracas, 25 de diciembre — La Navidad en Venezuela transcurre este año entre altos precios, devaluación del bolívar y presión por las compras navideñas, configurando un panorama atípico para los ciudadanos. La temporada local comenzó el 1 de octubre por orden de Nicolás Maduro, en medio de un despliegue militar de Estados Unidos en aguas cercanas al país.
Comerciantes y compradores en mercados de Caracas reportan mucho movimiento, pero pocas ventas. María Da Silva, comerciante en el popular mercado de Quinta Crespo, explicó: “Hay mucha gente en la calle, pero no se ve mucha bolsa. Se ve que la economía está un poquito fuerte. La plata no te rinde”. La mayoría de los consumidores compra ingredientes para las hallacas, plato tradicional navideño, pero en cantidades pequeñas para estirar su dinero.
La pérdida del valor del bolívar frente al dólar impacta de manera directa. En 2025, la moneda venezolana se depreció un 84,8 % respecto al dólar, cuyo valor oficial pasó de 52,02 a 342,93 bolívares, un aumento del 559,3 %. Muchos comerciantes aceptan pagos en tarjeta de débito a la tasa oficial, mientras que algunos ajustan los precios según el mercado paralelo.
Pese a la crisis económica, los vendedores destacan que las compras de diciembre siguen activas. Yueskerlys Pérez, quien ofrece ingredientes para hallacas, señaló que este año “ha comprado bastante la gente”. Rafael Ayola, vendedor de juguetes, aseguró que sus promociones incluyen tanto bolívares como dólares, y que el conflicto con Estados Unidos no ha afectado significativamente la actividad comercial.
Para los compradores, el conflicto con EE.UU. tiene más un impacto psicológico que económico. Yetzenia Zambrano afirmó: “Tienen miedo de un bloqueo, de que no ingresen divisas, pero desde que se habla de bloqueo hay mucho más ingreso de divisas que antes. Hace 10 o 15 años, comprar divisas era ilegal”.
En resumen, la Navidad venezolana de 2025 se vive con una combinación de nostalgia, compras moderadas y adaptación a una economía marcada por la inflación y la volatilidad del tipo de cambio, mientras los ciudadanos buscan mantener sus tradiciones pese a las dificultades.








