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Lula abre las puertas de Brasil al régimen chino con un centro de inteligencia artificial agrícola y nuevos acuerdos estratégicos

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RÍO DE JANEIRO, 8 julio.- El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ha sellado una alianza estratégica con el régimen de China durante la reciente cumbre de los BRICS celebrada en Río de Janeiro, impulsando un centro conjunto de inteligencia artificial agrícola que operará en el noreste del país. El proyecto ha sido duramente criticado por sectores conservadores y expertos en geopolítica que advierten sobre la creciente injerencia de Pekín en sectores clave del Estado brasileño.

El anuncio se realizó en presencia del primer ministro chino, Li Qiang, como parte de una batería de acuerdos firmados entre ambos países en sectores como la energía renovable, los semiconductores, la industria marítima, la farmacéutica y, de forma creciente, el sector aeroespacial.

La iniciativa principal consiste en la creación de un laboratorio conjunto entre el Instituto Nacional del Semiárido de Brasil y la Universidad Agrícola de China, destinado a aplicar inteligencia artificial en maquinaria agrícola y monitoreo del suelo en zonas rurales. Según críticos, esta colaboración permitirá a China acceso directo a la producción y a los datos sensibles del agro brasileño, en una región clave para la seguridad alimentaria nacional.

«Sumisión tecnológica», denuncian desde la oposición

La oposición brasileña ha denunciado que Lula está utilizando la excusa del desarrollo tecnológico para abrir las puertas del país a intereses geoestratégicos de una potencia autocrática. “Lo que Lula llama cooperación tecnológica, en realidad es sumisión progresiva al régimen de Xi Jinping”, señaló un portavoz del Congreso opositor.

El gobierno justifica esta alianza con el argumento de que la inteligencia artificial no debe ser monopolizada por unos pocos países, y defiende una gobernanza «justa, inclusiva y equitativa», liderada por organismos multilaterales como la ONU. Sin embargo, entre los principales aliados de Lula en BRICS se encuentran Irán, China y Rusia, regímenes acusados de graves violaciones a los derechos humanos, censura masiva y represión de la disidencia.

Más allá del agro: satélites, semiconductores y poder militar

Uno de los puntos más polémicos del acuerdo es la participación de China en el programa espacial brasileño. Pekín ha manifestado su interés en lanzar satélites geoestacionarios desde territorio brasileño, alineando este proyecto con su ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta. Asimismo, el país asiático ha ofrecido cooperación en la producción de buques, un sector clave para la soberanía marítima.

Li Qiang calificó la relación con Brasil como «estratégica» y dijo que están listos para cooperar «en economía digital, economía verde, innovación científica y aeroespacial», según reportó la agencia estatal Xinhua.

Críticas desde Occidente

Mientras Estados Unidos y sus aliados en Asia y Europa endurecen el control sobre la exportación de chips avanzados y tecnología de IA hacia China, Brasil parece ir en la dirección contraria, facilitando el acceso a recursos naturales, tecnología e infraestructura crítica.

El movimiento de Lula es visto por Washington con recelo. Desde 2019, EE.UU. ha presionado a países occidentales para limitar la colaboración con empresas como Huawei y SMIC, sospechosas de espionaje y de vínculos con el Ejército chino. Expertos advierten que la asociación tecnológica con China podría dificultar futuras alianzas con el bloque occidental.

¿Qué pedirá China a cambio?

Fuentes cercanas a la presidencia brasileña señalan que Lula espera contentar a Pekín sin provocar directamente a Washington. Pero en el trasfondo, la pregunta que muchos se hacen es: ¿qué más pedirá el régimen chino a cambio?

China ya ha expresado su interés en participar en el “Fondo Bosques Tropicales para Siempre”, una iniciativa brasileña para recaudar hasta 4.000 millones de dólares anuales como compensación a países que reduzcan la deforestación. Aunque China no confirmó su entrada al fondo, sí expresó su “respaldo total” a la COP30 que se celebrará en Belém, en la Amazonía brasileña.

Conclusión: ¿una apuesta arriesgada?

La alianza entre Brasil y China va mucho más allá de un centro de IA agrícola. Se trata de una reconfiguración del mapa geopolítico regional y global, con implicaciones directas en la seguridad, la soberanía y la neutralidad tecnológica del país sudamericano.

Con Irán, Rusia y China como aliados en los BRICS, la estrategia de Lula despierta dudas sobre los verdaderos valores compartidos por esta alianza, y abre un debate urgente sobre hasta qué punto debe un país democrático confiar en regímenes totalitarios para su desarrollo tecnológico.

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