Delcygate, Koldo y la red oculta del poder: las conexiones venezolanas del PSOE en el epicentro de la corrupción política española

EEUU Y CANADA

Madrid, 19 de junio de 2025 – Por Gonzalo Cooper.-Lo que comenzó como un escándalo más sobre contratos inflados durante la pandemia ha terminado destapando una compleja trama de corrupción institucional que salpica directamente al corazón del Gobierno de Pedro Sánchez. El “caso Koldo” —conocido así por Koldo García, exasesor del exministro socialista José Luis Ábalos— se ha convertido en la piedra angular de una investigación que amenaza con hundir los pilares de una estructura de poder levantada a golpe de favores, silencios cómplices y amistades peligrosas con regímenes autoritarios.

La publicación de los audios recientemente incautados por la Guardia Civil y revelados por distintos medios confirma lo que desde hace años se sospechaba: la llegada de Delcy Rodríguez, número dos del régimen chavista, a Barajas en 2020 no fue un accidente diplomático, sino un acto premeditado, con objetivos económicos y políticos que van mucho más allá del simple trasiego de maletas.

Delcy Rodríguez: la «diplomática» de las maletas y los contratos

La ya célebre “noche de Delcy” en el aeropuerto de Barajas fue la chispa. Ahora sabemos que su llegada formaba parte de un entramado que buscaba, presuntamente, canalizar millones de euros de fondos públicos a través de adjudicaciones opacas de material sanitario, con empresas fachada y testaferros vinculados al círculo de Ábalos. Las grabaciones interceptadas revelan conversaciones entre Koldo y otros empresarios donde se menciona, con total naturalidad, que “lo de Venezuela se ha desbloqueado” gracias a “las gestiones de la señora esa que vino a Barajas”.

¿Desbloqueado el qué? Fuentes del caso aseguran que se trataría de la vía para mover dinero, probablemente en criptoactivos o divisas no trazables, desde Caracas hasta Madrid, saltándose las sanciones internacionales impuestas al régimen de Nicolás Maduro. La hipótesis de los investigadores es clara: Delcy Rodríguez no vino solo a hablar de política, sino a cerrar negocios con plena complicidad del Ejecutivo español.

El diario El Mundo publica fotos del encuentro entre el exministro español y la vicepresidenta venezolana, a pesar de su prohibición de entrada a la UE.

Koldo y Ábalos: el engranaje español del chavismo

Koldo García, convertido en símbolo de la corrupción institucionalizada, actuaba —según la instrucción judicial— como “intermediario de confianza” para desbloquear pagos, agilizar contratos y “asegurar el silencio mediático”. Lo hacía al amparo del entonces ministro Ábalos, uno de los hombres más cercanos a Pedro Sánchez y con acceso directo a los resortes del poder.

En uno de los audios filtrados, Koldo se jacta de haber “arreglado lo de los venezolanos” y de tener “una llamada directa para cuando hay que calmar las aguas”. Los investigadores sostienen que esta supuesta red de favores y tráfico de influencias se extendía desde el Ministerio de Transportes hasta el entorno de Moncloa. Una maquinaria que operaba a plena luz del día, con la prensa afín haciendo la vista gorda y la oposición, entonces fragmentada, incapaz de articular una denuncia contundente.

Aldama no mentía: ésta es la foto que demuestra que se reunió con Guaidó por encargo de Sánchez (foto diario OK)

El papel de Guaidó: ¿aliado circunstancial o pieza de recambio?

Mientras Delcy Rodríguez cerraba acuerdos en la sombra con el gobierno de Sánchez, Juan Guaidó —reconocido en su día como “presidente interino” por España y otros países europeos— era utilizado como coartada diplomática por el PSOE. Hoy, Guaidó aparece en los informes de los servicios de inteligencia como “elemento neutralizado” y parte de una estrategia de blanqueamiento político del chavismo desde Europa.

El análisis de varios correos electrónicos entre asesores de Exteriores y funcionarios venezolanos —que también forman parte del sumario— revela la existencia de negociaciones paralelas con el entorno de Guaidó, con el objetivo de legitimar ciertos movimientos financieros desde PDVSA a cuentas en Europa, bajo el pretexto de “ayuda humanitaria”. ¿Fue Guaidó cómplice, ingenuo o usado por el Gobierno español? Esa es la pregunta que los investigadores aún no logran responder.

Una red con terminales en Cuba y Panamá

El rastreo de los fondos ha llevado a los peritos económicos hasta una red de sociedades pantalla en Panamá, vinculadas con ciudadanos españoles y venezolanos, algunas de ellas con conexiones financieras en La Habana. De hecho, según fuentes de la investigación, Cuba habría actuado como “puerto seguro” para parte del dinero que salía de PDVSA con destino a Europa.

Estos hallazgos refuerzan la teoría de que la corrupción en el caso Koldo no es un hecho aislado, sino parte de una estructura supranacional de desfalco y lavado de dinero, con ramificaciones que alcanzan a gobiernos aliados ideológicamente con Sánchez.

¿Qué sabía Pedro Sánchez?

El silencio del presidente del Gobierno se ha vuelto ensordecedor. Ni una palabra sobre los audios. Ni una condena clara a las actuaciones de Ábalos. Ni una explicación a la reunión con Delcy Rodríguez. La estrategia del PSOE es evidente: diluir responsabilidades, alegar “desconocimiento” y esperar a que la opinión pública olvide.

Pero la pregunta clave sigue en el aire: ¿hasta qué punto Pedro Sánchez estaba al tanto de las operaciones que se tejían desde su gobierno con la Venezuela de Maduro y la sombra de Cuba? ¿Fue negligencia o complicidad?

Conclusión: un gobierno bajo sospecha

El caso Koldo ya no es solo un escándalo de corrupción. Es la radiografía de un modelo de poder sustentado en la opacidad, el clientelismo y la connivencia con regímenes autoritarios. Una trama en la que la ideología se convierte en coartada y el Estado en instrumento para intereses particulares.

Mientras tanto, la oposición exige una comisión de investigación parlamentaria que Sánchez bloquea sistemáticamente, y la ciudadanía asiste con estupor al espectáculo de un Ejecutivo que, en lugar de dar explicaciones, se escuda en el ataque al adversario y en su propaganda de “resistencia”.

España no merece un gobierno bajo sospecha. Merece respuestas.

Por Gonzalo Cooper / Hispanic Post

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