Redacción, 24 de septiembre.- El control del peso no solo depende de las calorías ni de la voluntad. En el tubo digestivo actúan señales hormonales, microorganismos y mecanismos de absorción que influyen sobre el hambre, la saciedad, el metabolismo y la respuesta del organismo a los alimentos. Esa red también abre opciones de tratamiento para la obesidad y la diabetes.
Durante una entrevista en el Huberman Lab Podcast, el gastroenterólogo Chris Thompson, profesor de Medicina en la Harvard Medical School, explicó cómo la fibra, el microbioma intestinal y ciertas hormonas participan en esos procesos.
El Dr. Thompson ubicó a la fibra en el centro de la salud digestiva. Según explicó, las bacterias que habitan el colon necesitan ese componente de la dieta para mantener su actividad y producir sustancias vinculadas con la protección de la pared intestinal.
“Alimenta a tus microbios o te comerán a ti”, afirmó. La frase alude a una hipótesis sobre lo que puede ocurrir cuando la dieta aporta poca fibra: parte de la microbiota utiliza la capa de moco que recubre el intestino como fuente de energía.
El especialista señaló que ese proceso puede afectar la producción de butirato, un ácido graso de cadena corta generado por bacterias intestinales a partir de la fermentación de ciertos carbohidratos.
El butirato sirve de combustible para células del colon y contribuye al mantenimiento de las uniones estrechas, estructuras que ayudan a regular el paso de sustancias a través de la pared intestinal.
“Si no les das fibra, comerán tu capa de moco”, sostuvo Thompson. A su juicio, el deterioro de esa capa y una menor producción de butirato pueden afectar la integridad de la barrera intestinal.
El médico también destacó el posible aporte de alimentos fermentados, entre ellos yogur, kéfir, kimchi, chucrut y kombucha. Explicó que estos productos pueden aportar microorganismos vivos y compuestos que favorecen a otras bacterias presentes en el intestino.
En la entrevista, planteó que los fermentados complementan una alimentación con fibra, que sigue como el principal sustrato para el microbioma.
La regulación del apetito reúne señales producidas en distintas zonas del sistema digestivo. Thompson mencionó la grelina, una hormona secretada en la parte superior del estómago, como uno de los estímulos asociados con el hambre.








