Madrid, 8 de noviembre.- Hacía ocho años que no dimitía un ministro en el Gobierno de Pedro Sánchez. Normalmente, las dimisiones vienen precedidas de consejo, invitación o sugerencia del presidente del Gobierno. Tanto Máximo Huerta como Carmen Montón abandonaron el primer Gobierno de Sánchez tras recibir una indicación del camino por parte de Moncloa. Lo habitual es que los ministros presenten su renuncia ante la persona que les nombró, el presidente del Gobierno.
Todo ello convierte en excepcional la dimisión de Óscar Puente como ministro de Transportes, después de la segunda tragedia del AVE este año en la misma línea, con 115 muertos, y en precampaña electoral.
La secuencia de los hechos es la siguiente. Óscar Puente participa en la reunión del Consejo de Ministros del martes por la mañana. «Estaba como siempre, como si no hubiera pasado nada», dice uno de los asistentes. A mediodía, comparece ante los medios, explica las ayudas aprobadas para las víctimas del accidente y reitera que no va a dimitir. Por la tarde, da explicaciones en la Diputación Permanente durante más de tres horas y sigue diciendo que no dejará su cargo… hasta el acto final. Puente regresa a su juventud de actor y, al mismo tiempo que los portavoces oficiales juraban y perjuraban que el ministro de Transportes no iba a dimitir bajo ningún concepto, el protagonista de la obra dimitía en la Diputación Permanente y en directo ante las cámaras de televisión. Sánchez no sabía nada, ya que había rechazado tras el accidente la dimisión que le presentó Puente.
El único antecedente, remoto, de un ministro que renunciara, con el presidente in albis sobre sus intenciones, es el de Manuel Pimentel. El que fuera ministro de Trabajo del Gobierno de Aznar, dimitió en 2000 en rueda de prensa, mientras en Moncloa se recibía un fax remitido por el afectado. Desde entonces, el ex presidente Aznar ha borrado de su lista de ministros el nombre de Pimentel.
«Es cierto, el presidente no sabía nada, le mandó el mensajito y dimitió allí en directo. Cualquier otro ministro no lo hubiera hecho de esta forma. Normalmente, si un ministro decide dimitir, el presidente es el primero que debe estar enterado, y si le dice que no lo haga y el ministro está convencido de su decisión, por supuesto que dimite, informando al presidente del día y la hora del anuncio. Óscar no lo hizo así, dimitió en público y en directo, sorprendiendo a todos, incluido el presidente», señalan fuentes del Gobierno.
A los dos días del sorpresón, la periodista de La Sexta Esther Redondo publicó la captura de whatsapp en la que el ministro informaba a su jefe de que iba a renunciar en el minuto siguiente. «Espero que no lo consideres como una traición». En efecto, así lo parecía. «No lo hagas», le respondió su jefe. Lo hizo. El guion de la obra incluía, además, el gesto del ministro compareciente de poner pantalla boca abajo el móvil para no ver la respuesta del presidente. Y una carpeta roja en la que llevaba escrita la carta de dimisión ante sus señorías y las cámaras de televisión.
«Genio y figura, Óscar lo tenía todo pensado al detalle, no dejó nada a la improvisación. Quiso dimitir a su propia manera, haciendo un feo al presidente. Sabía que no podía mantenerse en el cargo, y lo que hizo fue escenificar la dimisión para quedar lo menos mal teniendo en cuenta que se iba por su responsabilidad política ante una tragedia terrible».
Puente gozaba de un claro liderazgo político en las bases del partido y tenía aspiraciones sucesorias que no ocultaba. Por ello su dimisión orgánicamente es muy relevante pensando en lo que pueda pasar el 29-N. El protagonismo de Puente, su forma de hacer política a base de insultos contra la oposición y groseras descalificaciones a periodistas y medios, suscitaba los recelos de algunos dirigentes socialistas dentro y fuera del Gobierno. La difusión de sus whatsapp, así como el argumento de la falta de Presupuestos para justificar la inversión en el mantenimiento de Adif, son consideradas como una cierta deslealtad hacia el presidente, según las fuentes consultadas en el Ejecutivo.
«Algo ha pasado entre ellos, y sólo ellos lo podrían decir, aunque parece evidente que se ha producido un distanciamiento o una ruptura. Quizá creyó que el presidente le apoyaría de forma más expresa y que el partido no le pediría la renuncia. Eso era imposible. El PSOE no podía permitirse su continuidad», señalan desde el Gobierno.
¿Por qué el presidente rechazó su dimisión? ¿Por qué tardó una semana en dimitir? Así los explican algunos dirigentes: «A lo mejor creyó que Pedro le quería utilizar como parapeto de las críticas por la tragedia y él se negó. No se ha producido una ruptura entre ellos, el presidente se llevó una sorpresa, como todos, pero Óscar es como es, y nos ha dado un buen argumento de campaña. No todos somos iguales. Nadie dimitió en el PP por el accidente de Angrois, ni por el Yak-42, ni por la Dana, ni por el metro de Valencia ni por los muertos de las residencias».








