Redacción, 23 de septiembre.- Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania concluyó que la activación de los músculos abdominales puede modificar en fracciones de segundo el flujo sanguíneo cerebral. La investigación, realizada con ratones, identificó que movimientos comunes alteran la presión de vasos conectados al cerebro y desencadenan una respuesta rápida en sus venas.
El trabajo fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. Sus autores plantean que el cerebro, pese a estar protegido por el cráneo, recibe de manera constante el efecto de fuerzas mecánicas que se originan en otras zonas del cuerpo. El hallazgo amplía el conocimiento sobre los mecanismos que regulan la circulación sanguínea dentro de la cabeza.
El equipo observó que, cuando los músculos del abdomen se contraen, aumenta la presión en vasos sanguíneos que se comunican con el cerebro a través de la columna vertebral.
Esa modificación coincide con una constricción en grandes venas cerebrales y con un incremento momentáneo de la cantidad de sangre que circula por el cerebro.
Los científicos estudiaron en particular el seno sagital superior, una vena de gran tamaño situada en la parte superior del cerebro, y las venas puente que desembocan en él. Ambas estructuras se encuentran en la duramadre, la membrana que protege el sistema nervioso central dentro del cráneo.
La respuesta venosa se produjo en aproximadamente una décima de segundo, una velocidad superior a la que suele registrarse en las arterias. Estas últimas pueden tardar uno o varios segundos en contraerse o relajarse para cambiar el volumen de sangre que permiten pasar.
La regulación del flujo sanguíneo cerebral suele explicarse a partir del papel de las arterias y los capilares. Las arterias transportan sangre oxigenada desde los pulmones, mientras que los capilares permiten el intercambio de oxígeno, nutrientes y productos de desecho con las células. Las venas devuelven la sangre hacia los pulmones para completar el ciclo.
Como las arterias y los capilares tienen una capa muscular más desarrollada, los estudios los han considerado los principales reguladores del suministro de sangre. Si una zona cerebral aumenta su actividad, las señales químicas locales pueden hacer que esos vasos se relajen y permitan una mayor entrada de sangre.
Los resultados obtenidos por el grupo de Penn State apuntan a una función más activa de las venas en ese proceso. “Las venas no son simples conductos pasivos”, afirmó Qingguang Zhang, primer autor del estudio y profesor asistente de fisiología en la Universidad Estatal de Michigan. “Lo que le sucede a la sangre al salir del cerebro puede ser igual de dinámico y fisiológicamente importante”.
La rapidez de la reacción fue uno de los aspectos que llamó la atención de los investigadores. El patrón apareció de forma reiterada cuando los animales activaban la musculatura abdominal durante sus movimientos normales, lo que permitió asociar ambos fenómenos.








