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Murió Chiche Gelblung, el periodista que soñaba con viajar a la luna y vivir 200 años

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Buenos aires, 9 de septiembre.- La muerte de Samuel “Chiche” Gelblung representa el cierre de una de las trayectorias más influyentes, polémicas y brillantes del periodismo argentino. A lo largo de más de cinco décadas, dejó su sello en prensa escrita, radio y televisión, consolidando una figura sin concesiones y de gran impacto en la cultura de los medios nacionales.

El periodista falleció esta mañana en el Sanatorio Mater Dei del barrio de Palermo, donde había ingresado el martes por la mañana por un cuadro respiratorio. La noticia fue confirmada a Infobae por la familia del periodista. Era la cuarta internación que atravesaba en el año; pero a pesar de estas complicaciones de salud trabajó hasta sus últimos días.

Nacido en 1944 en Buenos Aires, se convirtió en un protagonista central de las últimas décadas en la historia de los medios, reconocido por su estilo directo y su capacidad para innovar en diferentes formatos. Su legado abarca desde la dirección de revistas emblemáticas hasta la conducción de programas de televisión que marcaron época.

Criado en Villa Devoto en el seno de una familia judía de clase media con activismo político, debió su apodo a que, según contó, “era un bebé tan lindo que me consideraban el chiche de la familia”. Su infancia estuvo signada por el rigor doméstico y la tensión ideológica que imponía la clandestinidad política. Su hogar era escenario de discusiones constantes y mandatos familiares rígidos, sobre todo ante el activismo de sus padres (Berta Kagan -apellido que más tarde cambiaría a Cohen- y Alfredo Gelblung -un industrial del cuero-) y el fanatismo religioso de su abuela. “Todos los días, a la hora de la siesta, mi abuela materna se ponía a rezongar y a llorar. Y lo hacía durante dos horas, sistemáticamente. Ella era muy religiosa, venía todos los días a joder sistemáticamente. Le decía a mi viejo: ‘Vos tenés la culpa de esto’, porque él era comunista”.

Su abuelo paterno había sido tesorero del Partido Comunista y sus padres eran militantes de manera clandestina, que temían ser perseguidos por el gobierno de Juan Domingo Perón. “Era insoportable. Sentí que debía irme o iba a enloquecer”, recordó el propio Gelblung, quien abandonó la casa a los 14 años.

Consiguió refugio en un depósito de huevos y, sin terminar el colegio, se dedicó a oficios informales y a la venta ambulante. Durante la adolescencia, tuvo un acercamiento temprano al mundo adulto y debió afrontar el dolor de perder a dos amigos de la infancia en episodios violentos, lo que, según relató, marcó el fin de su niñez.

La vida familiar de Gelblung se cruzó con retos importantes: su hermano mayor fue enviado a Uruguay por una relación amorosa mal vista, mientras que la menor, Olga, que tenía 8 años, quedó bajo su cuidado. Esa relación fue definitoria para ambos: “La crié yo… fuimos amigos hasta el final”, compartió al recordar la pérdida de Olga durante la pandemia y el papel central que tuvo en su educación. Durante un programa de Polémica en el Bar, la recordó así: “El otro día marqué su teléfono. Lo tengo en el listado y dije ‘la voy a llamar’ pensando que estaba viva. Murió hace tres meses mi hermana. Y sumó una reflexión: ”Necesité la ayuda del psicoanálisis para entender la muerte. Pero nadie lo supera fácilmente”.

El papel de la madre, Berta, era más intelectual que afectivo. Destacó su intuición: después de un atentado con bomba en su casa, fue su madre quien lo llamó “a los dos minutos”, incluso antes de que la policía se enterara, un hecho que interpretó como ejemplo de una conexión más allá de lo racional.

Sin muestras afectivas parentales y bajo la influencia de un pediatra de ideas renovadoras, Gelblung siempre remarcó que su manera de ejercer la paternidad fue opuesta a la de sus padres. “La forma de la paternidad fue uno de los aspectos que más cuidé en mi vida”, afirmó. La muerte de sus padres, tras 64 años de matrimonio, lo impactó profundamente: “Me costó mucho aceptarlo. Los tuve mucho más tiempo que la mayoría, pero igual fue duro”.

En una entrevista con Luis Novaresio, contó: “Mi viejo murió a los 86 años y creo que seis meses antes de morir fue la primera vez que me pudo decir ‘te quiero’. Nunca me lo había podido decir”. Y ante la repregunta del conductor, con lágrimas en los ojos, Chiche agregó que, si lo viera venir, “le diría que lo extraño, lo extraño mucho”.

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