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Colombia proyecta la construcción de 10 nuevas cárceles fuera de los cascos urbanos

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Redacción, 9 de septiembre.- El Gobierno nacional de Colombia ha puesto en marcha un ambicioso plan de infraestructura penitenciaria que contempla la construcción de diez nuevos centros carcelarios ubicados fuera de las zonas urbanas del país. La iniciativa, confirmada tras un encuentro decisivo entre el ministro de Justicia, Iván Cancino, y la bancada del Partido Conservador, busca aliviar la severa crisis de hacinamiento y responder a las urgentes demandas de seguridad ciudadana.

Durante la reunión de bancada, el presidente de la colectividad conservadora, Efraín Cepeda, manifestó el respaldo formal de su grupo político al proyecto, destacando que una de las exigencias centrales presentadas al Ejecutivo fue que los nuevos recintos se construyan lejos de las grandes ciudades. Esta condición responde al objetivo directo de neutralizar las dinámicas delictivas que suelen irradiarse desde los penales hacia los barrios periféricos, como la extorsión telefónica, el microtráfico y la presión violenta sobre las comunidades locales.

Por su parte, el jefe de la cartera de Justicia, Iván Cancino, confirmó que el diseño estratégico ideado bajo la administración del presidente Abelardo de la Espriella coincide plenamente con dicho enfoque territorial. Según el ministro, la reubicación de los centros de reclusión hacia zonas apartadas facilitará la implementación de controles de seguridad más estrictos, un bloqueo de señal celular más eficiente y una mejor supervisión del perímetro por parte de la fuerza pública.

La problemática del sistema penitenciario en Colombia ha representado históricamente una de las mayores debilidades institucionales de la región. Durante décadas, el hacinamiento crónico ha derivado en fallos reiterados de la Corte Constitucional que declaran el estado de cosas inconstitucional en los penales, obligando al Estado a replantear de fondo la custodia, la infraestructura y los programas de resocialización de la población privada de la libertad.

Aunque el anuncio ha sido recibido con optimismo en el sector político y legislativo, analistas coinciden en que el proyecto enfrentará retos considerables en materia de viabilidad financiera, licenciamiento ambiental y conectividad logística en terrenos distantes. Pese a estos desafíos, el consenso inicial logrado entre el Gobierno y las bancadas parlamentarias perfila esta iniciativa como un giro determinante en la política de seguridad y justicia del país sudamericano.

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