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China acelera su dominio en autos eléctricos con fábricas robotizadas mientras Canadá abre la puerta a su entrada

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Pekín, 1 abr.- La industria de los vehículos eléctricos (VE) en China está dando un salto tecnológico sin precedentes con fábricas altamente automatizadas, capaces de producir cientos de miles de automóviles al año casi sin intervención humana, en un avance que ya comienza a impactar en mercados como Canadá.

En una planta en Ningbo, al sur de Shanghái, cientos de robots operan de forma continua en lo que se conoce como una “fábrica oscura”, donde la iluminación es prácticamente innecesaria. Allí se producen vehículos de la marca Zeekr, propiedad del gigante automotriz Geely, también matriz de Volvo y Polestar.

La instalación alcanza una producción anual cercana a los 300.000 vehículos con apenas 1.600 empleados, enfocados principalmente en mantenimiento y control de calidad. Según sus responsables, la automatización no solo reduce costos, sino que garantiza estándares más altos de fabricación.

China lidera el mercado global

El dominio chino en el sector es contundente: produce cerca del 70 % de los vehículos eléctricos del mundo, impulsado por subsidios estatales que superan los 230.000 millones de dólares desde 2009.

Empresas como NIO han innovado con sistemas de intercambio de baterías que permiten reemplazarlas en apenas tres minutos, con más de 3.000 estaciones desplegadas en todo el país.

Además, el ecosistema incluye gigantes de infraestructura como TELD, que cuenta con alrededor de 900.000 puntos de carga, consolidando una red clave para la expansión del sector.

Canadá abre una puerta estratégica

Tras años de tensiones comerciales, Canadá ha comenzado a flexibilizar su postura. Un acuerdo reciente permite la entrada de hasta 49.000 vehículos eléctricos chinos con aranceles reducidos, tras negociaciones entre el primer ministro Mark Carney y el presidente Xi Jinping.

El cambio se produce en un contexto geopolítico marcado por la política comercial de Donald Trump, cuyas medidas arancelarias han empujado a Canadá a diversificar sus socios económicos.

Beneficios y temores en el mercado canadiense

La posible llegada de marcas como BYD, Chery o la propia Geely genera expectativas por precios más bajos y mayor competencia, lo que podría acelerar la adopción de vehículos eléctricos en el país.

Sin embargo, también surgen preocupaciones. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, ha criticado duramente esta apertura, alertando sobre el impacto en la industria local y calificando a los vehículos chinos como posibles “autos espía” por el manejo de datos.

Expertos, no obstante, relativizan estos temores y señalan que los riesgos no son mayores que los asociados a otras tecnologías digitales ampliamente utilizadas.

Una “pequeña puerta” con grandes consecuencias

Aunque la cuota de 49.000 vehículos representa menos del 3 % del mercado canadiense, su importancia es estratégica. Para los fabricantes chinos, entrar en Canadá —uno de los mercados más regulados— podría servir como trampolín para expandirse en otros países occidentales.

El movimiento marca un posible punto de inflexión en la industria automotriz global, donde la innovación, la geopolítica y la competencia industrial redefinen el futuro de la movilidad eléctrica.

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