Teherán, 27 feb.- Mientras miles de manifestantes antigubernamentales eran heridos en las calles de Irán durante las protestas de principios de enero de 2026, un grupo de médicos se vio obligado a atenderlos bajo condiciones extremas, enfrentando la vigilancia directa y, en ocasiones, la violencia de agentes de seguridad del régimen.
Según testimonios recopilados por The Associated Press (AP) de médicos en Irán y profesionales iraníes residentes en el extranjero, las fuerzas de seguridad irrumpieron en hospitales y clínicas, bloqueando la atención a los heridos, intimidando al personal sanitario, arrestando a manifestantes y trasladando cuerpos en bolsas para cadáveres. En total, al menos 79 profesionales de la salud fueron detenidos, incluyendo estudiantes de medicina, y varios enfrentan cargos graves, algunos con riesgo de pena de muerte.
Brutalidad en hospitales
En la ciudad norteña de Rasht, un joven médico relató cómo intentó reanimar a un hombre de unos 40 años que había recibido un disparo en la cabeza. Según su relato, agentes de seguridad vestidos de civil bloquearon su avance y minutos después el paciente falleció. Su cuerpo fue colocado en una bolsa negra y apilado junto con otros cadáveres antes de ser retirado por los agentes.
Este no fue un incidente aislado. En otras ciudades, los hospitales se convirtieron en escenarios de control militarizado. Médicos y enfermeras documentaron cómo agentes armados impedían traslados, retiraban pacientes de respiradores, amenazaban al personal y confiscaban registros médicos. Algunos profesionales registraron diagnósticos falsos para proteger a los heridos, muchos de ellos manifestantes, y así evitar su detención al abandonar los hospitales.
Atención clandestina y condiciones extremas
En Teherán, un cirujano de 37 años trabajó casi cuatro días en una clínica improvisada, atendiendo a más de 90 personas con heridas graves. La clínica carecía de suministros médicos básicos, anestesia y sangre para transfusiones. Utilizaron cajas de cartón y trozos de metal como férulas, y supositorios analgésicos débiles para controlar el dolor. Entre los heridos, un joven de 20 años recibió un disparo en el codo que probablemente requeriría amputación, y una familia de cuatro integrantes fue alcanzada por perdigones.
Los médicos tuvieron que operar y atender a los pacientes bajo un clima de constante temor, y los envíos a hospitales estaban limitados por el riesgo de detenciones. A pesar de estas adversidades, ninguno de los pacientes atendidos en estas clínicas clandestinas murió, según el cirujano.
Alcance de la represión
La represión del 8 y 9 de enero de 2026 se considera la más mortífera desde 1979. Organizaciones de derechos humanos han contabilizado más de 7.000 fallecidos, mientras que el régimen reconoce oficialmente más de 3.000 víctimas, subestimando el alcance real. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos continúa investigando miles de casos adicionales.
El Centro de Derechos Humanos de Irán, con sede en Oslo, documentó la interferencia sistemática de las fuerzas de seguridad en hospitales, incluyendo acoso a médicos y detención de pacientes. Por su parte, el portavoz del Ministerio de Salud, Hossein Kermanpour, negó las acusaciones y calificó los informes de falsos, asegurando que todos los heridos recibieron atención médica sin discriminación.
Testimonios y verificación
AP verificó los relatos de los médicos con más de una docena de videos publicados en redes sociales y colaboró con Mnemonic, organización con sede en Berlín, que preserva evidencia digital de violaciones de derechos humanos en Irán desde 2022. Se documentaron incidentes en al menos nueve hospitales, algunos con presencia de agentes disparando armas de fuego y usando gases lacrimógenos.
El informe revela un patrón de militarización sin precedentes en centros de salud iraníes, en un contexto donde los médicos se convirtieron en blancos directos de la represión por intentar proteger a los manifestantes heridos. Muchos profesionales esperan ser detenidos o enfrentan represalias, mientras continúan trabajando bajo un riesgo constante por salvar vidas.
Esta crisis sanitaria y de derechos humanos evidencia la gravedad de la represión del régimen iraní y el rol heroico de los profesionales de la salud que arriesgan todo para atender a los más vulnerables.





