Beijing, 15 enero.- El primer ministro de Canadá, Mark Carney, afirmó este jueves que Ottawa y Beijing están entrando en una nueva era en sus relaciones bilaterales, durante la primera visita oficial de un jefe de Gobierno canadiense a China en los últimos ocho años, en un intento por recomponer unos lazos profundamente deteriorados en la última década.
Carney, que asumió el cargo hace diez meses, busca reparar la relación con China tras años de tensiones marcadas por el arresto en 2018 de una alta ejecutiva tecnológica china en Canadá, la posterior crisis diplomática y la reciente imposición de aranceles del 100% a los vehículos eléctricos chinos, además de gravámenes al acero y al aluminio.
El primer ministro canadiense se reunió en Beijing con su homólogo chino, Li Qiang, quien elogió el cambio de tono de Ottawa y calificó el encuentro como un punto de inflexión en las relaciones bilaterales. Carney tiene previsto reunirse este viernes con el presidente Xi Jinping, en una cita clave para definir el alcance político y económico del acercamiento.
La urgencia de este giro diplomático se ha intensificado tras la subida arancelaria decretada por el presidente estadounidense Donald Trump a las exportaciones canadienses. Actualmente, más del 75% de las exportaciones de Canadá tienen como destino Estados Unidos, y Carney se ha fijado como objetivo estratégico reducir esa dependencia, duplicando las exportaciones hacia otros mercados en la próxima década.
En ese contexto, el jefe del Gobierno canadiense mantuvo encuentros con grandes corporaciones chinas, entre ellas el gigante del comercio electrónico Alibaba, la petrolera estatal China National Petroleum Corp. y CATL, el mayor productor mundial de baterías para vehículos eléctricos, con el fin de explorar oportunidades de inversión y cooperación industrial.
“Estamos listos para construir una nueva asociación, basada en lo mejor de nuestro pasado y capaz de responder a los desafíos actuales”, escribió Carney en la red social X tras su llegada a Beijing el miércoles por la noche.
Las relaciones entre ambos países se deterioraron aún más en 2024, cuando Canadá, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos durante el mandato de Justin Trudeau, anunció aranceles del 100% a los vehículos eléctricos chinos y del 25% al acero y al aluminio. Beijing respondió con dureza, imponiendo impuestos del 100% al aceite y la harina de canola canadienses, del 25% al cerdo y los mariscos, y un gravamen adicional del 75,8% a las semillas de canola, medidas que cerraron de facto el mercado chino a uno de los principales productos de exportación de Canadá.
Desde la óptica china, los aranceles de Trump y otras presiones comerciales de Washington podrían empujar a Canadá y a otros aliados tradicionales de EE. UU. a adoptar una política exterior más independiente, una narrativa que Beijing ha sostenido con fuerza desde la presidencia de Joe Biden y que ahora vuelve a cobrar protagonismo.
El recuerdo del caso Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei, sigue siendo un punto sensible. Su arresto en Canadá a solicitud de Estados Unidos desató una grave crisis diplomática, agravada por la detención en China de dos ciudadanos canadienses acusados de espionaje, un episodio que marcó negativamente la relación bilateral durante más de dos años.
Durante la visita, la ministra de Exteriores canadiense, Anita Anand, transmitió a su homólogo chino, Wang Yi, que el objetivo de Carney es sentar las bases para relanzar el diálogo y reconstruir los vínculos en múltiples ámbitos, desde el comercio hasta la diplomacia.
Para Beijing, la presencia de Carney en China representa una oportunidad estratégica. Para Ottawa, es un movimiento clave de diversificación económica en un momento de creciente incertidumbre en su relación con Estados Unidos, su principal socio comercial.








