LA HABANA, 26 julio (HISPANIC POST) – En un giro inusual, el régimen cubano utilizó el acto conmemorativo del Día de la Rebeldía Nacional para reconocer fallos internos y una profunda crisis estructural que golpea con fuerza a la población. El primer ministro Manuel Marrero, quien encabezó la ceremonia en ausencia de Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro, admitió la existencia de «errores» y «deficiencias» en la gestión económica, una declaración que marca un cambio en el discurso oficial.

Durante su intervención, Marrero reconoció que Cuba atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia reciente, con desafíos internos y externos que afectan tanto a la economía como a la vida cotidiana. “Como nunca antes enfrentamos desafíos enormes”, señaló, en alusión a las prolongadas crisis energética y económica que azotan al país.

Uno de los puntos más destacados del discurso fue la mención explícita a los apagones masivos, que afectan a cerca del 45% de la población durante las horas pico. Marrero enfatizó la necesidad urgente de “reducir los molestos apagones que tanto afectan a la población y a la economía”, reconociendo la magnitud del problema por primera vez de forma tan abierta.

La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) informó que este sábado la capacidad máxima de generación eléctrica será de solo 2.090 megavatios (MW) frente a una demanda estimada de 3.650 MW, lo que supone un déficit de 1.560 MW. Más de 86 centrales eléctricas se encuentran fuera de servicio debido a la falta de combustible como diésel y fueloil, agravando aún más la situación.

Según estimaciones de fuentes independientes, se necesitarían entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para modernizar la red eléctrica nacional, deteriorada tras décadas sin inversiones significativas desde que el Estado asumiera su control absoluto en 1959. Esta falta de recursos ha convertido los cortes de electricidad en un elemento constante de la realidad cubana, con consecuencias directas sobre la industria, los hospitales, el transporte y la vida doméstica.

A pesar del reconocimiento oficial, no se anunciaron medidas concretas para enfrentar la crisis. La población, entretanto, continuará padeciendo los efectos inmediatos, incluyendo apagones de hasta 20 horas diarias en provincias orientales como Santiago de Cuba y Holguín, y de más de 16 horas en La Habana.

El acto conmemorativo de este 26 de julio, que recuerda el fallido asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en 1953, marcó una continuidad en el nuevo estilo de representación oficial. Al igual que en 2023, el evento fue liderado por Marrero, sin la participación directa del dictador Díaz-Canel ni de Raúl Castro, lo que algunos analistas interpretan como un intento de despersonalizar el poder o de proteger a las figuras históricas de la creciente desaprobación popular.

La fecha mantiene su peso simbólico como el inicio de la lucha armada que desembocó en la revolución de 1959. Sin embargo, el contraste entre los ideales fundacionales y la realidad actual –marcada por apagones, escasez de alimentos, inflación y descontento social– plantea un desafío mayor al relato oficial del régimen.

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