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Cicciolina: La exdiputada porno que «siempre hizo lo que quiso» y se reconcilió con su pasado

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Roma, Italia – 16 de julio de 2025. Ilona Staller, mejor conocida como Cicciolina, el ícono de la transgresión que pasó de estrella del cine para adultos a diputada en la Italia de los años 80, reflexiona hoy con serenidad sobre su vida. «A Dios le diré que siempre hice lo que quise», confiesa a EFE la ex «pornodiva», quien asegura tener la «conciencia tranquila» y haber llegado a su edad «amándose» por haber actuado siempre a su antojo y buscado el bien de los demás.

Cicciolina (Budapest, 1951), con su inconfundible melena platino y un atuendo lleno de color que combina a la perfección, camina con calma por su barrio romano. Desde su ático, adquirido con la fortuna de su época dorada, vive una «vida bastante simple» junto a nueve gatos persas, dedicándose a las redes sociales, la cocina y los paseos.

Del porno al Parlamento: Un pasado sin remordimientos

Con un nuevo libro de memorias en mano, que vende en su portal junto a otros artículos personales, Cicciolina repasa su trayectoria desde Ilona Staller en la Budapest comunista hasta su transformación en el controvertido personaje. Su fama se gestó en los años 70 al hablar de sexo en la radio italiana, pero explotó con la industria de la pornografía. Un pasado del que se siente orgullosa: «No puedo decir nada malo del porno porque gané mucho dinero. No hay que escupir sobre el plato del que se come», sentencia al recordar títulos como ‘Orgia Nuclear’ (1984).

La gran sorpresa llegó en 1987, cuando fue elegida diputada por el Partido Radical. «Hacía campaña en las discotecas. Pedía el voto y repartía besos. Fue una locura», rememora con una carcajada. Aquella mujer que exhibía su cuerpo sin tapujos ingresaba al Parlamento de la católica Italia para encontrarse con figuras como Giulio Andreotti. «Un día me saludó, hay una foto en Google. Se acercó y me dijo: ‘Honorable Staller, debería usar más tela'», cuenta.

Paz, amor y política actual

Cicciolina define su «innata» vocación política con el lema «paz y amor», destacando una docena de proyectos de ley que impulsó, incluyendo uno para garantizar la intimidad sexual de los presos (una medida que un tribunal italiano ordenó este año). También propuso impartir educación sexual en las escuelas y prohibir la vivisección, reivindicando que «algunas de mis propuestas siguen siendo modernas».

A sus 73 años, la política sigue siendo de su interés. Sigue de cerca la situación de su natal Hungría, donde reside parte de su familia, y no duda en tildar de «dictador» al primer ministro Viktor Orbán. «Espero que se vaya cuanto antes», afirma, mientras aplaude, como «icono gay», el último desfile del Orgullo que desafió al poder en las calles de Budapest.

La actriz se considera feminista «a su manera» y asegura nunca haberse sentido utilizada: «Siempre fui una mujer libre, desde niña», aunque reconoce algunas afrentas de representantes y colegas. Admite que sus papeles eróticos le cerraron puertas en la televisión: «Algunos santurrones me cerraron la puerta en las narices. No entendía la razón, mi trabajo era como el de una funcionaria. Fichaba, grababa y me iba». Actualmente percibe una pensión vitalicia por su legislatura como diputada y cobra por sus trabajos en televisión y Reality Shows, a pesar de haber denunciado dificultades económicas en el pasado. «Obviamente sigo trabajando, tengo que ingresar. Con los 1.300 euros del Parlamento italiano…», se queja.

Vida personal y reconciliaciones

En el ámbito sentimental, se encuentra «soltera por elección» y afirma que su persona más querida es su hijo Ludwig, fruto de su matrimonio con el escultor Jeff Koons. Los litigios con el famoso artista, quien la esculpió en variadas posturas sexuales, son cosa del pasado: «Ambos hemos entendido que debíamos dejar de reñir, ya somos mayores», dice apaciblemente.

Otro de los episodios singulares de su vida es el rumor de que, de joven, mientras trabajaba en un hotel en Budapest, actuó como espía. Aunque lo confirma tímidamente, evita profundizar en el tema. Cicciolina, con su mezcla de candidez y provocación, presume: «Yo cambié el sentido del pudor en Italia. Fue importante», rememorando el artículo del Código Penal que castigaba el delito de ‘obscenidad’, por el que fue denunciada tantas veces. «El quinientos-veintiocho», saborea.

¿Cree en Dios? «Sí, aunque creería más si castigara a los malvados que hacen la guerra», responde. Y si un día se encontrara ante Él, «¿Le diría que siempre hice lo que quise», imagina. «Yo repetiría mi historia, del mismo modo», reconoce la «pornodiva», mientras acaricia un vaso ya vacío.

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