San Juan, 30 oct.- Tres activistas llevaron a cabo una protesta simbólica este martes al arrojar pintura roja sobre las estatuas de presidentes estadounidenses en el Paseo de los Presidentes, en la avenida de la Constitución, en el Capitolio de San Juan. Este acto fue una respuesta a recientes comentarios despectivos hacia Puerto Rico.
Tito Román, uno de los activistas involucrados, explicó que esta acción es un “acto de expresión del pueblo puertorriqueño ante la política de odio que se está liderando desde el Partido Republicano encabezado por Donald Trump”. La protesta se produjo después de que el comediante estadounidense Tony Hinchcliffe se refiriera a Puerto Rico como “una isla flotante de basura” durante un mitin del expresidente.
Reacción de la Comunidad Puertorriqueña
Las estatuas en cuestión son monumentos dedicados a presidentes de EE.UU. que han visitado Puerto Rico en funciones oficiales. La declaración de Hinchcliffe provocó una ola de indignación, con la clase política de la isla y varios artistas de renombre condenando sus palabras. El gobernador de Puerto Rico, Pedro Pierluisi, expresó su descontento en redes sociales, afirmando que “basura es lo que salió de la boca de @TonyHinchcliffe, y todos los que lo aplaudieron deberían sentirse avergonzados”.
Homenaje a Puerto Rico
En contraposición a las palabras de Hinchcliffe, el artista Bad Bunny también se pronunció en defensa de su isla natal. Publicó un video que destaca las riquezas naturales, arquitectónicas y las leyendas internacionales de Puerto Rico en los ámbitos de la política, el deporte y la música.
Consecuencias para Hinchcliffe
Tony Hinchcliffe tenía programados shows en Puerto Rico esta semana, pero ambos locales donde iba a presentarse, Gala en San Juan y Norbertos Piano Bar & Lounge en Humacao, cancelaron sus eventos debido a la controversia generada por sus comentarios.
A pesar de ser un Estado Libre Asociado de EE.UU., los puertorriqueños no pueden votar en las elecciones presidenciales. Sin embargo, aquellos que residen en los EE.UU. sí pueden participar en la elección del próximo 5 de noviembre, lo que añade una dimensión política adicional a la controversia actual.








