Redacción, 7 de noviembre.- El regreso de León XIV al Perú tendrá una dimensión que trasciende las ceremonias previstas para su visita: en el norte del país todavía lo recuerdan como el padre Robert, el religioso que caminaba entre los fieles, escuchaba a los jóvenes y viajaba por rutas complicadas para llegar a comunidades alejadas.
Antes de ser papa, Robert Prevost construyó vínculos personales en Chulucanas y Chiclayo. Quienes compartieron tareas pastorales con él coinciden en una imagen: la de un sacerdote cercano, sin distancia protocolar y dispuesto a participar de las actividades cotidianas de las parroquias.
Esos recuerdos cobran una fuerza particular ante su retorno. Para muchos peruanos que lo conocieron antes de que fuera llamado al Vaticano, León XIV sigue siendo aquel obispo o misionero con quien compartieron una misa, una visita a los caseríos, ensayos musicales o jornadas de formación.
El padre Gioberti Calle compartió años de formación con Robert Prevost cuando el hoy papa desarrollaba su misión en Perú. Su recuerdo no está asociado a una ceremonia multitudinaria ni a una visita oficial, sino a la rutina de la comunidad agustina y a una decisión que, con el tiempo, adquirió otro significado.
Calle contó ante las cámaras de TVPerú que la familia de Prevost donó una camioneta de cabina y media para el servicio de la orden. Según explicó, fue el propio entonces sacerdote quien decidió que el vehículo permaneciera en la casa de formación, donde podía ser utilizado por los integrantes de la comunidad.
“Su familia donó una camioneta para la comunidad”, relató Calle. Para el religioso, el gesto reflejaba la cercanía que también había establecido Luigi Prevost, padre del actual pontífice, con el trabajo que su hijo realizaba en el país.
El sacerdote recordó que la familia conocía la realidad peruana a partir de la misión de Robert Prevost y que el vehículo quedó destinado a las tareas de la casa de formación. Ese episodio, conservado entre los miembros de la comunidad agustina, retrata una etapa en la que el ahora León XIV era visto como uno de los formadores y hermanos mayores del grupo.
Jorge Fidel Romero Flores, que se participó como agente pastoral en -Chulucanas, conoció a Robert Prevost durante sus primeros años de misión en el norte peruano. Lo recuerda como un sacerdote joven que llegó a una comunidad golpeada por las dificultades sociales y económicas que siguieron al fenómeno de El Niño.
“Era un joven un poco tímido o sorprendido, desconcertado de la tremenda realidad, porque era, digamos, una situación bastante difícil para nosotros los chulucanenses”, relató Romero a Infobae Perú.
Con el tiempo, el entonces padre Robert se integró a la dinámica de los barrios y comunidades de la zona. Su trabajo incluyó juegos, talleres y jornadas educativas para niños y adolescentes, además del acompañamiento a los pobladores en un contexto de necesidades urgentes.








