Lima, 28 de octubre.- El fatal choque entre dos trenes de alta velocidad en Toledo, España, que cobró la vida de al menos 68 personas tras salirse de la vía por un grave fallo de control, activó la inmediata conmoción internacional y la alerta de las representaciones diplomáticas latinoamericanas, encabezadas por el Gobierno del Perú.
El trágico siniestro se produjo en el kilómetro 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, entre las localidades de Yébenes y Urda, provocando el descarrilamiento de cuatro vagones que cayeron por un terraplén. Según las primeras investigaciones expuestas por el ministro de Transportes español, Óscar Puente, la colisión entre el convoy AVE de Renfe y la unidad de la operadora Iryo se atribuye a una decisión errónea tomada desde el centro de control de Atocha, donde se autorizó a reanudar la marcha a pesar de la caída previa del sistema de seguridad LZB en la vía.
Ante la magnitud del desastre, el Ejecutivo peruano, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y la plataforma Perú Responde, emitió un comunicado oficial trasladando sus más sentidas condolencias al pueblo español y a las familias afectadas. Los Consulados Generales del Perú en Madrid y Sevilla activaron de forma inmediata líneas telefónicas de emergencia las 24 horas para prestar asistencia humanitaria y localizar a posibles connacionales entre los pasajeros, aunque de momento no existe confirmación oficial de víctimas peruanas.
La catástrofe ha generado una profunda conmoción política y social en España. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó tres días de luto oficial en todo el territorio nacional y garantizó la máxima contundencia para esclarecer las responsabilidades del siniestro. A las medidas de duelo se sumaron diversas comunidades autónomas como Madrid, Andalucía y Extremadura, mientras la Comisión Independiente de Accidentes Ferroviarios y los órganos judiciales avanzan en los peritajes del tramo afectado.
A medida que avanzan las investigaciones para esclarecer los fallos en la cadena de mandos y los protocolos de seguridad, los servicios consulares hispanoamericanos permanecen en coordinación directa con las autoridades locales. El trágico suceso marca uno de los capítulos más oscuros en la historia de la alta velocidad europea y reabre el debate sobre la supervisión técnica de las infraestructuras de transporte interurbano.








