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Un mapa cerebral del MIT distingue 31 tipos de neuronas y señala blancos terapéuticos para enfermedades neurológicas y psiquiátricas

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Riad, 4 de septiembre.- Un equipo del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) elaboró un mapa detallado con 31 subgrupos de neuronas del estriado, una región cerebral implicada en movimiento, toma de decisiones, recompensa y formación de hábitos, un hallazgo que puede orientar el desarrollo de tratamientos más precisos para la enfermedad de Huntington, la esquizofrenia, la adicción, la depresión y otros trastornos, informó MIT News, el portal de noticias del instituto.

El trabajo, publicado en la revista científica Cell, también identificó una diferencia con impacto directo en la investigación de adicciones: un gen que codifica el receptor opioide mu, OPRM1, aparece altamente expresado en una población humana concreta, pero no en la población equivalente de ratones. Para los autores, esa discrepancia indica que los modelos murinos habituales pueden no reproducir por completo la biología de la respuesta a opioides.

Para Myriam Heiman, profesora Picower de neurociencia, directora del Instituto Picower para el Aprendizaje y la Memoria del MIT y autora principal del estudio, el hallazgo trasciende el análisis puntual: “Vemos esto como la base que permitirá más estudios en nuestros proyectos sobre la enfermedad de Huntington y el trastorno por consumo de opioides. Necesitábamos una hoja de ruta de lo que hay allí”, enfatizó.

El estriado está ubicado en zonas profundas del cerebro y recibe señales de la corteza, el mesencéfalo, el hipocampo y otras regiones. Con esa información coordina planificación, movimiento, toma de decisiones y procesamiento de recompensa.

Los investigadores se concentraron en el tipo celular más abundante del estriado: la neurona espinosa media, un tipo de neurona inhibitoria que regula señales en esa región y responde a la dopamina. La mayor parte de esas neuronas pertenece a la vía directa, que favorece el movimiento, o a la vía indirecta, que suprime movimientos no deseados, y se distinguen entre sí por el tipo de receptor de dopamina que expresan (es decir, que activan y producen): D1 en la primera y D2 en la segunda.

Hasta ahora se sabía que existían muchas subpoblaciones con funciones distintas, sobre todo en las regiones ventrales del estriado, pero faltaba un criterio compartido para clasificarlas. El trabajo buscó resolver ese vacío con muestras post mortem obtenidas a través de bancos de cerebros de Estados Unidos y Canadá que representaban regiones anatómicas diversas.

El equipo combinó tres técnicas: la secuenciación de ARN de célula única, que mide qué genes están activos en cada célula individual; la hibridación fluorescente in situ multiplexada, que permite visualizar simultáneamente múltiples moléculas dentro del tejido; y la transcriptómica espacial, que mapea la actividad génica sin perder la ubicación exacta de las células. Esa estrategia permitió no solo medir qué genes expresa cada célula, sino también ubicar principios de organización espacial dentro del tejido.

A partir de ese análisis, los científicos identificaron 31 subpoblaciones neuronales, entre ellas nueve tipos de neuronas espinosas medias. Dentro de ese grupo aparecieron dos poblaciones “atípicas” que, conforme al portal institucional, parecen desempeñar papeles relevantes en esquizofrenia, trastorno por consumo de sustancias y depresión.

Una de ellas, llamada D1 atípica, mostró alta expresión de genes vinculados con adicción y trastorno por consumo de sustancias, en especial genes relacionados con la respuesta a opioides. La otra, denominada D2 atípica, presentó alta expresión de genes que responden a antidepresivos, y ambas parecieron responder con fuerza a la clozapina, un antipsicótico utilizado para tratar la esquizofrenia.

La clozapina figura entre los antipsicóticos más eficaces disponibles, pero no se usa de forma extendida en Estados Unidos porque puede causar un trastorno sanguíneo mortal en un pequeño porcentaje de pacientes. Heiman sostuvo que, al conocer ahora sobre qué células actúa el fármaco, puede abrirse la posibilidad de diseñar terapias más dirigidas contra la psicosis y evitar esos efectos adversos.

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