Toronto, 24 agosto 2026.- Los nuevos aranceles estadounidenses del 50 % sobre productos canadienses podrían poner en riesgo hasta 87.000 empleos en Canadá, según un análisis económico que refleja la creciente preocupación entre empresas, trabajadores y sindicatos por las consecuencias de la escalada comercial entre Ottawa y Washington.

En una pequeña tienda de artículos infantiles de Toronto, Jill Rochon ya comenzó a modificar los precios de algunos productos importados desde Estados Unidos ante el aumento de los costos.

Rochon teme que el impacto de los nuevos aranceles estadounidenses y de las posibles medidas de represalia de Canadá termine obligándola a reducir su plantilla. Entre sus empleados se encuentra Zoe Tilups, quien lleva más de seis años trabajando en la tienda y mantiene una relación cercana con su empleadora.

“Si tuviera que despedirlos, lo haría”, afirmó Rochon. La empresaria reconoció que sería una decisión difícil porque aprecia a sus trabajadores, pero aseguró que podría verse obligada a reducir personal si sus ingresos no son suficientes para compensar el incremento de los costos.

Ontario y Quebec serían las provincias más afectadas

El análisis realizado por Trevor Tombe, profesor de Economía de la Universidad de Calgary, calcula que aproximadamente 87.000 empleos canadienses podrían estar en riesgo si los nuevos aranceles estadounidenses permanecen vigentes durante un periodo prolongado.

De acuerdo con sus estimaciones, unos 52.000 puestos de trabajo estarían directamente expuestos a las consecuencias de los aranceles, mientras que otros 35.000 empleos podrían verse afectados indirectamente debido al impacto sobre proveedores y empresas de servicios vinculadas a los sectores exportadores.

Ontario sería la provincia más perjudicada, con unos 36.100 empleos en riesgo, seguida de Quebec, con 18.300, y Columbia Británica, con aproximadamente 11.200.

Entre las industrias que podrían registrar mayores pérdidas figuran la maquinaria, electrónica, plásticos y caucho.

Tombe destacó especialmente la exposición de Columbia Británica a las exportaciones de componentes electrónicos y productos de madera hacia Estados Unidos, mientras que Quebec también enfrenta riesgos importantes en sectores como la industria forestal, fabricación de muebles y producción textil.

El impacto podría extenderse a todo Canadá

Los efectos de los aranceles no se limitarían a las provincias con mayor volumen de exportaciones hacia Estados Unidos.

El economista Colin Mang explicó que la fuerte interdependencia del comercio entre las provincias canadienses podría provocar un efecto dominó sobre el empleo y la actividad económica en otras regiones.

Una desaceleración generalizada podría terminar afectando a Alberta, Saskatchewan y las provincias marítimas, incluso si sus empresas no se encuentran directamente entre las principales afectadas por los nuevos gravámenes estadounidenses.

La reducción de las exportaciones canadienses hacia Estados Unidos implicaría una menor producción en las empresas afectadas y, como consecuencia, una disminución de sus necesidades de trabajadores.

Sindicatos piden ampliar el apoyo a los trabajadores

El primer ministro Mark Carney ha prometido anunciar medidas de apoyo para las empresas afectadas por la disputa comercial, pero los sindicatos consideran que Ottawa también debe reforzar la protección de los trabajadores que podrían perder sus empleos.

Bea Bruske, del Congreso Laboral Canadiense, pidió al Gobierno ampliar el acceso al seguro de desempleo y aumentar sus prestaciones.

También reclamó una ampliación de los programas de trabajo compartido, que permiten reducir temporalmente las horas de los empleados para evitar despidos y mantenerlos vinculados a sus empresas.

“Necesitamos mantener al mayor número posible de trabajadores empleados”, sostuvo Bruske, quien considera que los subsidios salariales y otras medidas de apoyo serán fundamentales mientras persista la incertidumbre comercial.

Para pequeñas empresas como la de Rochon, el impacto de la disputa entre Canadá y Estados Unidos ya comienza a sentirse directamente en los precios y en las decisiones sobre contratación, mientras el Gobierno canadiense busca contener las consecuencias de una guerra comercial que amenaza con extenderse mucho más allá de las empresas exportadoras.

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