Washington, 10 de junio de 2026.- La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse en mayo y alcanzó su nivel más elevado en tres años, impulsada principalmente por el incremento de los precios de la gasolina y los efectos acumulados de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio. Los nuevos datos divulgados por el Departamento de Trabajo representan un desafío tanto para la Reserva Federal (Fed) como para la administración del presidente Donald Trump, en un contexto marcado por la proximidad de las elecciones legislativas de mitad de mandato.

Según el informe oficial, los precios al consumidor aumentaron un 4,2 % interanual en mayo, frente al 3,8 % registrado en abril, lo que representa el tercer incremento consecutivo. En términos mensuales, la inflación avanzó un 0,5 %, después de subidas del 0,6 % en abril y del 0,9 % en marzo.

Los analistas señalan que la tendencia inflacionaria se había moderado antes de la implementación de los nuevos aranceles comerciales impulsados por Trump en abril de 2025. Sin embargo, el impacto de esas medidas, combinado con el encarecimiento del petróleo derivado de la crisis entre Irán, Israel y Estados Unidos, ha provocado una nueva presión sobre los precios.

La llamada inflación subyacente, que excluye alimentos y energía por su volatilidad, registró un incremento anual del 2,9 %, ligeramente superior al 2,8 % observado en abril. A nivel mensual, el indicador avanzó un 0,2 %, por debajo del 0,4 % registrado el mes anterior.

Uno de los principales factores detrás de la subida de precios fue el aumento del combustible. El cierre temporal del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el transporte mundial de petróleo, elevó los costos energéticos y llevó el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos desde 4,04 dólares por galón a mediados de abril hasta 4,49 dólares en mayo.

Aunque los precios han comenzado a moderarse y actualmente rondan los 4,16 dólares por galón, expertos advierten que el impacto sobre otros sectores continúa. El aumento del diésel ha encarecido el transporte de mercancías, provocando que empresas de logística como UPS y FedEx apliquen recargos por combustible, lo que podría trasladarse a los precios de los alimentos y productos de consumo.

Los alimentos ya reflejan parte de esta presión. En abril registraron un incremento mensual del 0,7 % y acumulan una subida anual del 2,9 %. Los economistas prevén que los costos de distribución continúen influyendo sobre los precios durante los próximos meses.

El repunte inflacionario también está modificando las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal. A comienzos de año, varios responsables del banco central contemplaban la posibilidad de reducir las tasas de interés en dos ocasiones durante 2026. Sin embargo, el escenario actual ha llevado a numerosos funcionarios a considerar que el próximo movimiento podría ser una subida de tasas en lugar de un recorte.

Los mercados financieros ya reflejan esta posibilidad. Inversores de Wall Street consideran cada vez más probable que la Fed aumente los tipos de interés antes de finalizar el año para contener las presiones inflacionarias.

Mientras tanto, la economía estadounidense continúa mostrando señales de fortaleza. El mercado laboral mantiene un ritmo sólido de contratación y el crecimiento económico sigue avanzando, factores que reducen la necesidad de aplicar estímulos monetarios adicionales.

La situación coloca al presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, en una posición delicada. Antes de asumir el cargo defendía recortes de tasas, pero ahora enfrenta una economía donde la inflación vuelve a convertirse en la principal preocupación de los responsables de la política monetaria.

A pesar de ello, la Casa Blanca mantiene que no existe necesidad inmediata de endurecer la política monetaria y sostiene que los fundamentos económicos siguen siendo sólidos.

Entre los sectores más afectados por el incremento de costos también figura el de la ropa, cuyos precios aumentaron un 4,2 % respecto al año anterior, mientras que las tarifas aéreas podrían verse presionadas por el encarecimiento del combustible utilizado por las aerolíneas.

Con una inflación que vuelve a ganar fuerza, el comportamiento de los precios energéticos y la evolución de las tensiones internacionales serán determinantes para definir el rumbo de la economía estadounidense durante la segunda mitad de 2026.

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