Woodbridge, Ontario, 5 feb.— El primer ministro de Canadá, Mark Carney, presentó este jueves una nueva estrategia industrial destinada a reducir la dependencia de la industria automotriz canadiense de Estados Unidos y acelerar la transición hacia los vehículos eléctricos, en un contexto marcado por los aranceles estadounidenses, la caída de ventas y la reconfiguración del mercado global del automóvil.
Uno de los pilares del plan es el regreso de los incentivos federales para la compra de vehículos eléctricos, con el objetivo de estimular la demanda interna y proteger el empleo industrial. Ottawa relanzará por cinco años un programa de 2.300 millones de dólares, que ofrecerá subsidios de hasta 5.000 dólares para vehículos eléctricos (EV) y hasta 2.500 dólares para híbridos enchufables (PHEV) con un precio máximo de 50.000 dólares. Este límite no se aplicará a los vehículos eléctricos fabricados en Canadá, según la documentación oficial.
El programa, similar a los antiguos incentivos iZEV, comenzará a aplicarse a partir del 26 de febrero y no será retroactivo. Ottawa espera que esta medida impulse la compra de 840.000 vehículos eléctricos en el país. Solo serán elegibles los automóviles fabricados en Canadá o en países con los que Ottawa mantiene acuerdos de libre comercio, como Estados Unidos y México, lo que excluye de facto los vehículos eléctricos fabricados en China.
Además, el gobierno federal destinará 1.500 millones de dólares a una estrategia nacional de infraestructura de carga, con el fin de ampliar y modernizar la red de estaciones en todo el país. El Ejecutivo confía en que esta inversión ayude a revertir la caída de más del 36 % en las ventas de vehículos de cero emisiones en 2025, tras la suspensión de los incentivos en enero de ese mismo año para contener el gasto público.
Actualmente, Canadá exporta el 90 % de sus automóviles y el 60 % de sus autopartes a Estados Unidos, una dependencia que, según Ottawa, expone al sector a los aranceles impuestos por la administración Trump, los cuales amenazan hasta 125.000 empleos. La estrategia presentada por Carney busca diversificar mercados y posicionar a Canadá como líder mundial en el sector de los vehículos eléctricos, un nicho que el gobierno considera desatendido por Washington.
“El sector automotriz mundial vive una transformación profunda hacia las bajas emisiones y la conectividad. Canadá no desaprovechará esta oportunidad para moldear su economía en las próximas décadas”, afirmó Carney durante el anuncio. Para ello, Ottawa movilizará 3.000 millones de dólares del Fondo de Respuesta Estratégica y de la Iniciativa Regional de Respuesta Arancelaria, con el fin de ayudar a la industria automotriz a adaptarse y acceder a nuevos mercados internacionales.
El plan incluye también incentivos fiscales, como tipos impositivos reducidos para fabricantes de tecnologías de cero emisiones, así como programas de formación y apoyo a la mano de obra. En línea con la política de “Compre productos canadienses”, el gobierno priorizará a proveedores nacionales y el uso de acero y aluminio fabricados en Canadá.
En materia ambiental, el Ejecutivo anunció un endurecimiento de las normas de emisiones de gases de efecto invernadero para los fabricantes entre 2027 y 2032, con el objetivo de alcanzar el 75 % de ventas de vehículos eléctricos en 2035 y el 90 % en 2040, manteniendo la meta de neutralidad de carbono para 2050. No obstante, el gobierno decidió eliminar los objetivos obligatorios de ventas de vehículos eléctricos, que exigían que el 60 % de los vehículos nuevos fueran eléctricos en 2030 y el 100 % en 2035.
La medida ha generado reacciones encontradas. La Asociación Canadiense de Fabricantes de Vehículos celebró el levantamiento de los objetivos de ventas y el retorno de los incentivos, mientras que organizaciones ambientalistas como Équiterre advirtieron que la decisión podría colocar a la industria en una “espiral descendente” frente a la tendencia mundial hacia la electrificación.
En el plano político, el primer ministro de Ontario, Doug Ford, respaldó el abandono de la norma de disponibilidad de vehículos de cero emisiones, al considerar que perjudicaba la competitividad y el empleo. En contraste, partidos de oposición y grupos ecologistas cuestionaron que Ottawa relaje sus exigencias climáticas tras haber invertido miles de millones de dólares en el sector automotriz.
Con esta estrategia, el gobierno de Mark Carney apuesta por redefinir el futuro de la industria automotriz canadiense, reducir su vulnerabilidad frente a Estados Unidos y posicionar al país como actor clave en la economía global de los vehículos eléctricos, en medio de un escenario internacional cada vez más proteccionista.








