Davos/Toronto, 21 enero.- El primer ministro de Canadá, Mark Carney, aseguró este martes que el orden mundial basado en normas ya no será recompuesto y advirtió de que el mundo atraviesa una ruptura estructural, no una transición gradual. En un discurso de alto contenido político pronunciado en el Foro Económico Mundial de Davos, Carney llamó a las potencias medias a actuar de forma coordinada frente a las grandes potencias que, según afirmó, han convertido la integración económica en un instrumento de presión y subordinación.
“El antiguo orden no está evolucionando: se está rompiendo”, afirmó el jefe del Gobierno canadiense ante líderes políticos, empresarios y responsables internacionales. En su intervención, sostuvo que las grandes potencias están utilizando el comercio, la inversión y las cadenas de suministro como armas geopolíticas, erosionando los principios de cooperación y beneficio mutuo que sustentaron la globalización durante décadas.
Carney fue especialmente crítico con la idea de que la interdependencia económica garantice automáticamente prosperidad compartida. “No se puede seguir viviendo con la ficción del beneficio mutuo cuando la integración se convierte en la fuente de la subordinación”, subrayó, al tiempo que confirmó que Canadá está recalibrando sus relaciones internacionales para adaptarse a esta nueva realidad.
El mensaje de Václav Havel y la rebelión de los actores intermedios
Para ilustrar el momento histórico actual, el primer ministro canadiense recurrió al ensayo The Power of the Powerless, del intelectual y expresidente checo Václav Havel, en el que se describe cómo los sistemas autoritarios comienzan a desmoronarse cuando las sociedades dejan de acatar reglas injustas. Carney comparó aquella experiencia con la situación actual del sistema internacional, donde, a su juicio, “el orden basado en normas se está apagando y se impone la lógica de que los poderosos hacen lo que quieren y los débiles sufren las consecuencias”.
En este contexto, llamó a empresas, gobiernos y sociedades a no aceptar pasivamente ese nuevo equilibrio de poder. “Es el momento de actuar con principios, de decir la verdad y de construir alternativas colectivas”, afirmó, en clara referencia a la necesidad de resistencia coordinada frente a la presión de los actores hegemónicos.
El dilema de Canadá y las potencias medias
Carney reconoció que países como Canadá no pueden ignorar los cambios en curso. “La cuestión no es si debemos adaptarnos. Debemos hacerlo. La verdadera pregunta es cómo”, explicó. Frente a la tentación de levantar barreras y aislarse, advirtió que esa estrategia conduciría a “un mundo de fortalezas más pobre, más frágil y menos sostenible”.
Como alternativa, propuso un modelo basado en coaliciones flexibles, construidas “asunto por asunto”, y en una red densa de relaciones en comercio, inversión, innovación y cultura. Según el primer ministro, esta arquitectura permitiría a Canadá y a otros países intermedios ganar margen de maniobra, reducir dependencias excesivas y responder con mayor solidez a futuras crisis.
Seguridad, OTAN y apoyo a Groenlandia
En materia de seguridad internacional, Carney reiteró el compromiso inquebrantable de Canadá con la OTAN y con el principio de defensa colectiva recogido en el artículo 5 del tratado atlántico. Asimismo, expresó el firme apoyo de Ottawa a Groenlandia y Dinamarca, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas en el Ártico y de disputas estratégicas entre grandes potencias por el control de esa región.
El primer ministro dejó claro que, aunque las grandes potencias pueden permitirse actuar de forma unilateral “por ahora”, las potencias medias no tienen ese lujo. “Cuando solo negociamos bilateralmente con un poder hegemónico, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece y competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Eso no es soberanía”, sentenció.
Un discurso marcado por la tensión con Estados Unidos
Las palabras de Carney se producen en un momento de especial sensibilidad en la relación con Estados Unidos, después de que medios canadienses revelaran que las fuerzas armadas de Canadá han elaborado, por primera vez en más de un siglo, un esquema teórico para responder a una eventual invasión estadounidense. Aunque el Gobierno de Ottawa considera altamente improbable ese escenario, la sola existencia del análisis refleja el deterioro del clima político y la creciente desconfianza estratégica.
Carney concluyó su intervención con un llamado a “dejar de fingir, nombrar la realidad y actuar juntos”. “Ese es el camino de Canadá”, afirmó, invitando a otros países a sumarse a una estrategia común basada en cooperación, principios y pragmatismo frente a un mundo cada vez más marcado por la competencia entre grandes potencias y la erosión del orden internacional tradicional.








