La Habana, 13 enero.- Cuba afronta el momento de mayor tensión con Estados Unidos en décadas mientras atraviesa la peor situación interna desde el triunfo de la revolución en 1959, con una superposición de crisis económica, energética, sanitaria, migratoria, social y política que se retroalimentan y profundizan el colapso nacional.
La gravedad del escenario actual supera incluso al llamado Período Especial de los años noventa, posterior a la caída del bloque socialista europeo. Hoy resulta difícil identificar un solo ámbito de la economía o de la vida cotidiana de los cubanos que no esté severamente afectado.
Los apagones diarios superan las 20 horas en amplias zonas del país, la producción agrícola e industrial se encuentra prácticamente paralizada y la escasez de productos básicos alimenta el mercado negro, la corrupción y una inflación descontrolada. El dólar ha desplazado de facto a la moneda nacional, agravando la pérdida del poder adquisitivo.
A este panorama se suma el desplome del turismo, el éxodo masivo de población joven, el envejecimiento acelerado de la sociedad y el resurgimiento de epidemias como el dengue y la chikunguña, que han vuelto a poner en evidencia el deterioro del sistema de salud pública.
Colapso energético sin solución a corto plazo
La isla sufre desde agosto de 2024 una crisis energética estructural provocada por el deterioro extremo de sus centrales termoeléctricas, muchas con décadas de explotación sin inversiones suficientes, y por la falta de divisas estatales para importar combustible.
Especialistas coinciden en que se trata de un problema de fondo, sin solución viable en el corto ni en el mediano plazo. Estudios independientes estiman que Cuba necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para recuperar su sistema eléctrico.
La interrupción del suministro de petróleo venezolano, que cubría alrededor del 30 % de la demanda nacional, ha incrementado la incertidumbre y agravado aún más los apagones generalizados.
Economía en caída libre
La crisis energética ha paralizado gran parte de la actividad productiva. El propio Gobierno define el contexto como una “economía de guerra”. El producto interno bruto se ha contraído más de un 15 % desde 2020 y solo entre enero y septiembre de 2025 registró una caída adicional del 4 %.
El turismo, tradicional fuente de divisas, se ha desplomado. De los 4,7 millones de visitantes registrados en 2018, el país pasó a apenas 1,8 millones en 2025, lo que ha reducido drásticamente los ingresos externos.
Como respuesta, el Ejecutivo ha impulsado un paquete anticrisis que incluye recortes presupuestarios y una dolarización parcial de la economía. Sin embargo, la mayoría de los analistas señala que el problema de fondo radica en el modelo de economía centralizada y en una gestión ineficiente que limita cualquier recuperación sostenida.
Emergencia demográfica y éxodo masivo
La falta de expectativas de cambio político y económico ha llevado a millones de cubanos a expresar su desesperanza mediante la migración. El éxodo, principalmente hacia Estados Unidos y España, ha alcanzado cifras históricas.
Investigaciones demográficas estiman que la población cubana se ha reducido en torno a un 24 % en apenas cuatro años. Según datos oficiales, más del 20 % de los habitantes del país tiene actualmente 60 años o más, lo que acentúa la presión sobre los servicios sociales y sanitarios.
Desgaste político y represión
El deterioro económico, el colapso de los servicios públicos, la pérdida de la cartilla de racionamiento como red de protección efectiva y el acceso masivo a internet móvil desde 2018 han erosionado de forma significativa el capital político del sistema.
En los últimos años se han producido numerosas protestas, destacando el estallido social del 11 de julio de 2021, el mayor en décadas. Desde entonces, más de 1.700 personas han sido encarceladas por motivos políticos, mientras las causas profundas del descontento siguen sin resolverse.
Sistema de salud en retroceso
Cuba enfrenta actualmente una epidemia combinada de dengue y chikunguña, con decenas de miles de casos registrados en 2025 y un número significativo de fallecidos, en su mayoría menores de edad.
La crisis sanitaria ha dejado al descubierto la fragilidad de un sistema que durante décadas fue uno de los principales símbolos del régimen. A la escasez de medicamentos y al deterioro de las infraestructuras se suma la reducción drástica del personal médico: en cinco años, el número de doctores cayó un 27 %.
La mortalidad infantil cerró 2025 en 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos, una cifra muy superior a la registrada en 2018, confirmando el profundo deterioro de los indicadores sociales.
En este contexto, Cuba encara una tormenta perfecta sin precedentes, marcada por el aislamiento internacional, el colapso interno y una creciente tensión con Estados Unidos que añade presión a un país al límite de sus capacidades económicas y sociales.








