Washington, 29 dic.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país destruyó una instalación de producción de droga en Venezuela la semana pasada, aunque no ofreció detalles oficiales sobre la supuesta operación ni presentó pruebas que respalden sus declaraciones. De confirmarse, sería la primera intervención terrestre estadounidense en territorio venezolano desde el inicio de la campaña militar de Washington en el Caribe.
Trump realizó estas afirmaciones durante una conversación telefónica con el empresario y propietario de la emisora WABC, John Catsimatidis, el pasado viernes 26 de diciembre. “No sé si lo has leído o visto, pero tienen una gran planta, unas instalaciones grandes de las que salen los barcos, y hace dos noches las destruimos”, declaró el mandatario.
Aunque Trump no mencionó explícitamente a Venezuela en ese momento, medios estadounidenses como The New York Times citaron a funcionarios del gobierno que confirmaron que el presidente se refería a una instalación de fabricación de droga en Venezuela. Ni el Pentágono, ni la Agencia Central de Inteligencia (CIA), ni la Casa Blanca han emitido comunicados oficiales sobre la supuesta operación, y el gobierno venezolano tampoco ha reportado ataques en su territorio.
Hasta ahora, Estados Unidos ha reconocido ataques contra decenas de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico oriental, alegando que transportaban drogas, aunque sin presentar pruebas públicas. Estos operativos han dejado más de un centenar de muertos, acciones que expertos en derecho internacional han calificado como ilegales, mientras críticos de Trump las describen como ejecuciones extrajudiciales.

Paralelamente, Washington ha reforzado su presencia militar en la región con el despliegue de una fuerza naval sin precedentes, encabezada por el portaaviones Gerald R. Ford, el más moderno de la Armada estadounidense, como parte de la denominada Operación Lanza del Sur.
A mediados de diciembre, Trump ordenó además un bloqueo “total y completo” de todos los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela. En ese contexto, EE.UU. capturó el petrolero Skipper, interceptó posteriormente al Centuries y persiguió a un tercer buque, el Bella 1.
El petróleo venezolano continúa siendo una fuente clave de ingresos para el gobierno de Nicolás Maduro, y el endurecimiento del bloqueo es interpretado por analistas como una estrategia de presión política y económica. Aunque Trump justificó inicialmente la campaña militar en la lucha contra el narcotráfico, el foco se ha desplazado progresivamente hacia el control energético y un eventual cambio de régimen en Caracas.
“Cada vez que destruyo un barco salvo 25.000 vidas estadounidenses”, aseguró Trump en la entrevista radial, sin aportar datos verificables. También afirmó que el tráfico de drogas hacia Estados Unidos se redujo en un 97,2 %, cifra que tampoco fue respaldada con información oficial.
Durante la conversación, Catsimatidis preguntó si Venezuela podría suministrar más petróleo a EE.UU. si Maduro abandonara el poder. Trump respondió que “se trata de muchas cosas”, y acusó al gobierno venezolano de haberse quedado con “nuestro petróleo” y de enviar a Estados Unidos a “millones de personas, algunas de las peores del mundo”.
El propio Trump había adelantado que la campaña contra supuestos narcotraficantes incluiría una segunda fase de operaciones terrestres contra instalaciones de producción de droga. En octubre, confirmó además que autorizó a la CIA a llevar a cabo operaciones encubiertas en Venezuela.
Washington también anunció la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista, una supuesta red que, según EE.UU., estaría liderada por Nicolás Maduro y altos funcionarios de su gobierno. Esta clasificación otorga mayores facultades legales y militares a Estados Unidos para atacar y desmantelar a los grupos designados.








