Washington, 13 dic.— Una operación militar de Estados Unidos culminó esta semana con la incautación del petrolero venezolano Skipper frente a las costas de Venezuela, asestando un golpe directo a la red energética y financiera que conecta al régimen de Nicolás Maduro con Cuba, según revelan investigaciones citadas por The New York Times y The Economist.
La embarcación, cargada con casi dos millones de barriles de crudo venezolano, estaba registrada a nombre de Triton Navigation Corp., con sede en las Islas Marshall, y operaba como una pieza clave en el esquema de exportación petrolera diseñado para eludir sanciones internacionales.
Destino Cuba y desvíos hacia Asia
El Skipper zarpó el 4 de diciembre desde Venezuela con petróleo pesado de PDVSA. Documentos internos de la estatal venezolana y fuentes de la industria petrolera citadas por The New York Times indican que el destino declarado era el puerto cubano de Matanzas, bajo un contrato conjunto entre Cubametales, la comercializadora estatal de la isla, y una empresa vinculada al comerciante panameño Ramón Carretero, sancionado por el Departamento del Tesoro de EEUU.
Carretero ha sido identificado como uno de los principales intermediarios en el flujo de crudo entre Caracas y La Habana, gestionando hasta una cuarta parte de las exportaciones de PDVSA. En lo que va del año, Cubametales habría recibido contratos por 65.000 barriles diarios, un aumento del 29 % respecto a 2024, superando ampliamente los volúmenes del año anterior.
Durante su travesía, el Skipper realizó una transferencia parcial de 50.000 barriles al buque Neptune 6, que continuó rumbo a Cuba, según datos de la firma Kpler. El resto del cargamento se desvió hacia Asia, una práctica habitual mediante la cual parte del petróleo supuestamente destinado a la isla termina siendo revendido en mercados asiáticos, especialmente en China, para obtener divisas que alivian la crisis económica del régimen cubano.
Abordaje militar sin resistencia
La incautación se produjo el 10 de diciembre, cuando fuerzas de élite estadounidenses abordaron el Skipper desde helicópteros Black Hawk. The Economist informó que no hubo enfrentamientos y que la tripulación, integrada mayoritariamente por marinos rusos, no ofreció resistencia.
El presidente Donald Trump anunció públicamente la captura del buque durante una reunión en la Casa Blanca. Por su parte, la fiscal general Pam Bondi afirmó que la acción se justificó porque el petrolero transportaba crudo venezolano e iraní en violación de las sanciones vigentes. Trump estimó el valor del cargamento en unos 80 millones de dólares, señalando que fue confiscado “por una muy buena razón”.
Reacciones de Caracas y La Habana
Las autoridades cubanas calificaron la incautación como un “acto de piratería y terrorismo marítimo”, denunciando que Washington busca bloquear el intercambio energético entre Venezuela y Cuba. El régimen de Maduro, por su parte, acusó a Estados Unidos de “secuestro” en aguas internacionales.
Sin embargo, funcionarios estadounidenses indicaron a The Economist que la operación contra el Skipper no será la última y que existen planes para intervenir otras embarcaciones vinculadas a la red de exportación petrolera venezolana.
La flota fantasma y el impacto económico
Expertos como Francisco J. Monaldi, de la Universidad Rice, describen este entramado como una “flota fantasma” integrada por buques asociados a Venezuela, Irán y Rusia, que operan desde 2019 con banderas cambiantes, transpondedores apagados y empresas de papel, dificultando su rastreo y permitiendo evadir sanciones.
Cada nuevo operativo estadounidense incrementa el costo de fletes, seguros y comisiones, reduciendo los márgenes de ganancia de PDVSA y alejando a intermediarios dispuestos a asumir riesgos legales. Según empresarios citados por The Economist, la estatal venezolana exige ahora pagos adelantados, una condición que, tras el caso Skipper, pocos aceptan sin garantías adicionales.
Las consecuencias también golpean a Cuba, altamente dependiente del crudo venezolano. The New York Times documenta que, aunque estos envíos no resuelven los apagones ni la escasez energética, siguen siendo vitales para la supervivencia financiera y política del régimen de La Habana.
Analistas coinciden en que la incautación del Skipper marca un nuevo episodio del pulso geopolítico entre Estados Unidos, Venezuela, Cuba, Irán y Rusia, en un mercado global de petróleo cada vez más condicionado por sanciones, operaciones militares y alianzas estratégicas.
Por ahora, la Casa Blanca no ha ofrecido comentarios adicionales, pero la captura del petrolero abre un nuevo capítulo en la estrategia de presión de Washington contra los regímenes de Caracas y La Habana.








