Redacción, 8 de septiembre.- El Estatus de Protección Temporal (TPS) para los salvadoreños en Estados Unidos se consolida como uno de los factores externos de mayor impacto para la estabilidad macroeconómica y social de El Salvador.
Con la llegada del plazo límite para que el gobierno estadounidense defina si habrá una extensión, modificación o cancelación definitiva del beneficio- el 9 de septiembre- la incertidumbre migratoria ha dejado de ser únicamente un tema legal para convertirse en un riesgo económico inminente.
La eventual pérdida de la protección legal para miles de compatriotas amenaza directamente dos de los pilares que sostienen el dinamismo interno: la seguridad de los migrantes y el flujo constante de remesas.
De acuerdo con el análisis del economista y expresidente del Banco Central de Reserva (BCR), Carlos Acevedo, explicó en el espacio de entrevista Frente a Frente, que cualquier resolución adversa en torno al TPS generará efectos desfavorables directos en la economía nacional.
La incertidumbre sobre la permanencia en territorio estadounidense altera de forma inmediata la conducta financiera de los beneficiarios. Ante la posibilidad de perder su estatus, muchos salvadoreños optan por liquidar activos, vender propiedades o cerrar pequeños negocios en Estados Unidos para enviar sus ahorros de manera anticipada a El Salvador.
Este comportamiento preventivo provoca un fenómeno particular en la liquidez. Si bien en un primer momento puede registrarse un incremento puntual por la transferencia de ahorros destinados a la compra de viviendas o el inicio de emprendimientos locales, el resultado a mediano plazo es una contracción en los envíos ordinarios.
Para los hogares receptores en El Salvador, este cambio representa una amenaza crítica, dado que los fondos procedentes del exterior están destinados principalmente a cubrir necesidades básicas diarias como alimentación, salud, educación, pago de alquileres y servicios básicos.
El debate sobre el futuro del TPS coincide con una señal de alerta en las estadísticas macroeconómicas del país. Tras varios meses de dinamismo sostenido, los datos correspondientes a junio y julio mostraron una caída en el ingreso de remesas al compararse con los mismos meses del año anterior.
Acevedo subrayó que el comportamiento del mes de agosto será determinante para confirmar si este descenso responde a una fluctuación pasajera o si marca el inicio de una tendencia a la baja.
Entre las causas principales de esta desaceleración se identifican dos variables interconectadas: la incertidumbre migratoria y la coyuntura económica interna de Estados Unidos.








